Reconocimiento histórico para la Escuela Yiyo de Madrid en el día de San Isidro
El Palacio de Cibeles se ha vestido de gala con motivo de la festividad de San Isidro para acoger el acto oficial de entrega de las distinciones civiles más importantes de la capital. El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha presidido la ceremonia donde la Escuela de Tauromaquia de Madrid José Cubero "Yiyo" ha sido condecorada con la Medalla de Honor de la Ciudad. El director de la institución, el matador de toros Fernando Robleño, ha sido el encargado de recoger un galardón que fue aprobado por unanimidad en el pleno municipal del pasado mes de abril, respaldado por todo el equipo de gobierno y los portavoces locales.
La concesión de esta Medalla de Honor supone un fuerte respaldo institucional a la formación de los nuevos valores del sector, reconociendo expresamente su contribución para mantener viva una tradición ligada a la identidad cultural madrileña. La Escuela "Yiyo" comparte el cuadro de honor de esta edición con otras destacadas personalidades e instituciones de la sociedad civil y el deporte, entre los que se encuentran los baloncestistas Sergio Llull y Elisa Aguilar, el futbolista Koke, la escritora Paloma Sánchez-Garnica o firmas históricas como Cortefiel y Capas Seseña.
Este fin de semana de homenajes institucionales se ha extendido también a la provincia de Toledo. La Diputación Provincial ha anunciado la concesión de su galardón de la Gala Provincial 2026 a los hermanos Lozano, premiando una vida entera consagrada al toreo en todas sus vertientes. La corporación toledana ha subrayado que Manolo, Pablo, Eduardo y José Luis integran una familia irrepetible que ha hecho de la tauromaquia una forma de entender el mundo, marcando una época dorada de la historia taurina contemporánea tanto en los ruedos como en la gestión de despachos.
El perfil de los hermanos Lozano destaca por su polivalencia y su éxito en la selección del toro bravo. Desde las aportaciones artísticas de Pablo Lozano en los ruedos hasta la labor de apoderamiento y gestión empresarial de sus hermanos, la familia ha dejado un legado que late con fuerza en el campo bravo a través de la ganadería de Alcurrucén, divisa que han situado en la elite de la cabaña brava. La corporación provincial ha manifestado su gratitud por una trayectoria que consideran parte esencial del patrimonio cultural y de la identidad de la región.
Ambos reconocimientos coinciden en el tiempo para blindar el valor de la veteranía y el futuro de la Fiesta en el centro de España. Mientras la Medalla de Honor en Madrid avala el relevo generacional y la formación pedagógica que se imparte en las aulas de la escuela de la Venta del Batán, el premio de Toledo rinde tributo a los cimientos que los hermanos Lozano han construido durante décadas. Dos galardones que, en definitiva, sitúan a la tauromaquia en la primera línea del reconocimiento civil por su impacto social y su arraigo histórico en los municipios españoles.