La millonaria obra en Lima Este que promete aliviar el tráfico, pero hoy agrava la congestión: ¿Cuándo estará lista?
La recuperación de más de 2.300 metros cuadrados ocupados informalmente en la cuadra 66 de la avenida Nicolás Ayllón, a la altura del kilómetro 10 de la Carretera Central, ha provocado desde el sábado 9 de mayo una fuerte congestión vehicular en Lima Este, con desvíos, rutas paralizadas y malestar entre usuarios, transportistas y vecinos de Ate Vitarte y Santa Anita.
La intervención ejecutada por la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML) incluyó la demolición de viviendas, un mercado y un grifo instalados desde hace más de dos décadas sobre terrenos considerados parte de la vía metropolitana. El objetivo es ampliar la capacidad de circulación en uno de los principales accesos hacia la Carretera Central mediante la incorporación de tres carriles adicionales y nuevas veredas en el espacio recuperado.
El cierre parcial impactó desde las primeras horas en la vía de Evitamiento, el peaje El Pino y el puente Perú-Japón, según reportes de la concesionaria Lima Expresa. En los días posteriores continuaron los embotellamientos en Nicolás Ayllón, Ramiro Prialé, Nueva Esperanza y otras rutas alternas usadas por vehículos particulares, transporte pesado y buses desviados.
¿Cuándo estará lista?
El retiro de escombros tomará alrededor de 15 días, mientras que la habilitación parcial del tramo podría demorar entre 60 y 90 días, según estimó el alcalde de Lima, Renzo Reggiardo. Además, detalló que la continuidad de la obra dependerá de las coordinaciones entre la MML y la Municipalidad de Ate para las siguientes etapas.
El operativo de recuperación incluyó maquinaria pesada, personal municipal y cerca de 700 efectivos de la Policía Nacional, en el marco de la intervención ejecutada en la avenida Nicolás Ayllón.
La obra forma parte de un proyecto de mejoramiento y ampliación de la movilidad urbana en dicho corredor vial, que registra un avance superior al 50%, de acuerdo con el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), con una inversión de S/13,8 millones y un plazo de ejecución de 210 días calendario, con culminación prevista para agosto de 2026.
Un tramo crítico para Lima Este
La intervención busca eliminar uno de los principales cuellos de botella de Lima Este, en un tramo donde el estrechamiento de la vía reducía la capacidad de circulación para el transporte urbano e interprovincial.
El ingeniero civil especializado en transportes Jorge Gutiérrez explicó a La República que la ampliación sí tendría un impacto concreto en el flujo vehicular, debido a que el problema se concentraba en una zona donde “solamente había cuatro carriles” y no existían vías auxiliares suficientes para separar el tránsito local del de largo recorrido. “Era un punto justamente donde se estrangulaba”, indicó.
El especialista agregó que la congestión no necesariamente se trasladará a otros sectores, ya que antes y después del tramo intervenido existen espacios viales más amplios que permitirían absorber mejor la circulación.
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Plan de desvíos y viajes hasta seis horas
Desde el inicio de las obras se aplicó un plan de desvíos que redirigió al transporte pesado por las avenidas Esperanza, Nueva Esperanza y Marco Puente Llanos, mientras que los vehículos livianos fueron enviados por rutas alternas como Central, 26 de Mayo y Santa María. Varias unidades de transporte público también modificaron sus recorridos hacia Javier Prado, Vista Alegre y sectores de Huaycán.
Sin embargo, La República constató que transportistas y usuarios continúan reportando demoras prolongadas y menor flujo de pasajeros. Juan, conductor de la empresa Nueva Perú, señaló que actualmente solo puede llegar hasta Dos de Mayo debido a la congestión. “Han disminuido los pasajeros porque muchos prefieren caminar”, comentó. En la misma línea, Gian, chofer de El Chosicano, cuestionó la planificación de la obra y sostuvo que el cierre debió realizarse de forma progresiva, ya que los tiempos de viaje aumentaron desde el inicio de la intervención.
El impacto también alcanzó a las rutas hacia Huaycán y la Carretera Central. Renato, conductor de Turismo Huaycán, indicó que algunas unidades deben circular por vías alternas cercanas al cerro Santa Clara o por la vía del ferrocarril. “Ahora completamos la ruta en seis horas”, afirmó, al señalar que debe salir desde las 5.00 a. m. e incluso amanecerse para poder llegar hasta La Parada y evitar la congestión.
Vecinos reportan problemas peatonales y acumulación de residuos
El impacto también alcanzó a las personas a pie. Vanessa, vecina de Ate, señaló que debe caminar alrededor de 20 minutos adicionales para llegar al mercado debido a los cierres y desvíos. Además, indicó que los residuos permanecieron acumulados varios días porque los camiones recolectores no podían ingresar con normalidad.
Cinthya, residente del sector desde hace más de 15 años, relató que caminó más de dos horas para llegar hasta la Carretera Central, aunque consideró que la intervención podría representar una mejora a largo plazo. Por su parte, Alicia, adulta mayor del sector San Pedro, expresó preocupación por las dificultades de desplazamiento para personas mayores y familias que transitan diariamente por la zona.
Debate técnico: ¿solución vial o problema estructural?
El cierre de Nicolás Ayllón reabrió el debate sobre las soluciones al tránsito en Lima. Luis Quispe, director de la ONG Luz Ámbar, sostuvo que la ampliación de vías puede aliviar puntos críticos, pero no resolverá la congestión estructural de la ciudad. Según explicó, uno de los principales problemas es la falta de un sistema integrado de transporte en Lima y Callao.
El especialista señaló que actualmente circulan alrededor de 24.000 combis, cústers y buses del sistema tradicional, muchos de ellos con más de 15 años de antigüedad. Además, cuestionó normas que permitieron ampliar la vida útil de algunas unidades hasta los 35 años. También criticó la planificación de los cierres viales y consideró que estas intervenciones deberían ejecutarse con planes de desvío mejor implementados y socializados previamente con vecinos y conductores. “El problema es sumamente grave. En seis meses es imposible resolver un problema que tiene muchos años”, afirmó.
Quispe agregó que la capital presenta deficiencias en su sistema de semaforización. Según indicó, la ciudad cuenta con más de 1.400 intersecciones semaforizadas, aunque solo una parte tiene infraestructura con fibra óptica y capacidad para operar con semáforos inteligentes.
Derecho de vía y liberación de predios
La demolición de viviendas y comercios en la zona también generó cuestionamientos entre vecinos y propietarios afectados de Cerro Candela, quienes denunciaron falta de información previa y procesos administrativos aún pendientes. Una residente sostuvo que varias familias habitaban el sector desde hace décadas y contaban con documentación y pagos municipales, por lo que cuestionó la legalidad de la intervención.
Frente a ello, el ingeniero Gutiérrez explicó que las áreas liberadas ocupaban parte del denominado “derecho de vía”, una franja reservada para infraestructura vial en corredores de importancia nacional. Según indicó, este tipo de afectaciones no era común décadas atrás porque el tráfico aún no alcanzaba los niveles actuales, aunque el crecimiento urbano y el aumento de la demanda vehicular obligan hoy a ampliar vías estratégicas como la Carretera Central.
El especialista añadió que, en este tipo de proyectos, el criterio técnico suele priorizar el beneficio colectivo frente al impacto individual. No obstante, precisó que las compensaciones e indemnizaciones corresponden a procesos administrativos y sociales independientes de la evaluación vial.