Una vez más, el PSOE ha vuelto a sufrir un correctivo en las urnas. Esta vez ha sido en Andalucía, tierra donde la izquierda llegó a concentrar más del 70 por ciento de los votos en la década de los noventa. Hoy, en cambio, el escenario es radicalmente opuesto: mientras el PP hacía cuentas para consolidar la mayoría absoluta, los socialistas únicamente aspiraban a frenar la caída y evitar un mínimo histórico. Lo preocupante para el PSOE no es únicamente el resultado andaluz, sino el patrón que se repite elección tras elección: ya son cuatro las comunidades autónomas cuyos ciudadanos han castigado claramente a los candidatos socialistas, algunos especialmente próximos a Pedro Sánchez. Quizás haya llegado el momento de que el PSOE deje de atribuir cada derrota a factores externos y se pregunte por qué antiguos territorios socialistas ya no se reconocen en el proyecto que representa hoy el presidente del Gobierno. Porque cuando los malos resultados se repiten en todas partes, el problema deja de ser local para convertirse en global. Julen Fernández. San Sebastián (Guipúzcoa) En la década de los años 80, Juan Manuel Moreno Bonilla se levantó de madrugada y vio cómo su padre, Juan Moreno Conejo, se sostenía la cabeza en el insomnio de los impagos, cuando la Junta de Andalucía demoraba en pagarle las facturas por el suministro de sosa cáustica que hacía a la Administración. Por entonces, la hegemonía del PSOE era apabullante. Un día, en una oficina del SAE, se presentaron padre e hijo para tratar de que les pagasen los atrasos, porque la familia estaba rozando la ruina económica. Uno de los directores descuadró al padre en su respuesta con un «no haberte metido en esto». Tiempo después, el hijo terminó afiliándose al PP. Juan Moreno Conejo no vio a su hijo, Juan Manuel Moreno Bonilla, presidir la Junta de Andalucía. Pero tras los resultados electorales del pasado domingo, su candidatura es la más votada y opta de nuevo a la presidencia, mientras que el PSOE obtiene el peor resultado en Andalucía en toda su historia. Más allá de los votos, la conclusión es clara: nunca se le responde mal a un padre delante de su hijo. Nunca sabes lo que puedes estar desencadenando. Juan Antonio Pavón . Dos Hermanas (Sevilla) Del doctor Sánchez y de sus ministros, mientras gobiernen con el apoyo de Bildu, no pueden salir palabras en favor de la Guardia Civil. La Guardia Civil acabó con la banda de terroristas a los que la líder de Bildu defendía en su periódico. El Gobierno dirá lo que diga su socio, y el presidente del Gobierno dará el pésame a los presos de la ETA muertos en las cárceles donde haga falta, incluso desde la tribuna del Congreso. Lo del «accidente laboral» de la Guardia Civil es coherente con el pacto entre el doctor y Bildu. A la Guardia Civil, ni agua. Porque lo dice el socio y punto. José Luis Gardón. Madrid Quién nos lo iba a decir: se ha pasado de no escuchar casi a nadie hablar de toros fuera del círculo de los aficionados a querer todo el mundo entablar conversación sobre lo que ocurre en los ruedos. El interés se debe, sin duda, al compromiso que algunas televisiones autonómicas han adquirido con la Fiesta. Si no lo tenía antes es porque no la conocían, pues nos la habían ocultado de manera interesada. Mario Suárez. Pilas (Sevilla)