Trump, Xi y América Latina: algo no cuadra bien en este negocio
En 1972, Nixon visitó a Mao en Beijing, rompiendo el aislamiento del gigante chino. La asimetría económica y de poder era evidente. Estados Unidos era la indiscutible potencia económica mundial, mientras China, el país más poblado del mundo, era también uno de los más atrasados, pobre y predominantemente rural.
Nixon buscaba hacer historia integrando a China a la economía mundial como una fuente casi inagotable de mano de obra barata y un enorme mercado potencial, evitando, de paso, un acercamiento sino-soviético que alterara el equilibrio de la Guerra Fría.
Pero China tenía otros planes. Hoy, la cumbre es entre dos potencias, y la referencia de Xi a la trampa de Tucídides sugiere algo más: cuando una potencia ascendente amenaza con desplazar a una potencia dominante, puede haber bronca.
Trump no es un estadista, es un hombre de negocios. Nixon se hizo acompañar de Kissinger. Trump fue a Beijing con sus amigos billonarios: Musk de Tesla, Cook de Apple, Huang de Nvidia, Finck de BlackRock, y los CEO de varias de las más importantes empresas tecnológicas y financieras de los Estados Unidos.
Para nosotros, en América Latina, la paradoja debiera ser obvia. Mientras Trump busca hacer negocios con esta nueva y poderosa China, también quiere evitar que otros lo hagan. En particular, con la “doctrina Donroe” y el “Escudo de las Américas”, pretende evitar que su “patio trasero” encuentre en China un nuevo socio económico.
Así, en Panamá se amenaza con retomar el Canal si no se cancela la concesión de puertos a empresas chinas. En Costa Rica se suspenden visas para que la red 5G no se contrate con empresas chinas. En Chile se busca frenar la participación china en el tendido de un cable submarino de fibra óptica. Se bloquean inversiones automotrices chinas en México. Argentina debe evitar que China construya un radiotelescopio masivo en San Juan. Y la lista sigue.
Trump parece decir que negociar con China está todo bien mientras el negocio sea de su pedazo de América (y de sus amigos), pero todo mal si China se atreve a negociar con el resto de las Américas. Algo no cuadra bien en este negocio. No olvidemos a Tucídides.
leonardogarnier@gmail.com
Leonardo Garnier ha sido profesor e investigador de la Universidad de Costa Rica (UCR) y de la Universidad Nacional (UNA), ministro de Planificación Nacional y Política Económica (1994-1998), ministro de Educación Pública (2006-2014) y asesor especial del secretario general de las Naciones Unidas para la Cumbre por la Transformación de la Educación (2022-2023).