Rayo Vallecano, el orgullo de un barrio
La tarde comenzaba con una ilusión común, la UEFA Conference League. Tras conseguir la salvación a pocas jornadas de terminar la liga, el Rayo Vallecano jugaba la primera final europea de su historia, y el equipo no estaba solo. 11.500 aficionados que tras horas en aviones, autobuses y coches llegaban a Leipzig con el corazón lleno, aunque no estaban solos. Vallecas llenó los bares de Payaso Fofó y la Avenida de la Albufera. Las peñas se organizaron en cortejos improvisados, los balcones colgaban banderas y los camareros y vendedores ambulantes saludaban a los vecinos como si todos compartieran un secreto. El barrio estaba preparado para una final que, ganada o perdida, ya era histórica.
Cuando el balón echó a rodar, Vallecas se transformó. La policía cortó las calles porque no cabía un alma más en las calles vallecanas. La primera mitad se vivió con intensidad, Alemão paró por un momento el corazón de un barrio entero, cuando su balón se marchó rozando el poste, aunque fue de una de las pocas ocasiones que los dos equipos tuvieron antes del entretiempo. El segundo acto comenzó con los ingleses avasallando la posesión y amenazando la portería de Batalla. Destacaron inspirado Yeremi Pino, y un Adam Wharton dominando al medio campo rayista, hasta que el propio inglés sacaba un latigazo que rechazaba Batalla, y Mateta enviaba tras un rebote al fondo de la red. Ese tanto no silenció Vallecas que seguía animando mientras que el Rayo lo intentaba con más corazón que fútbol. Hasta que en el minuto 95 el árbitro pitaba el final, y el Crystal Palace se alzaba con el título.
El postpartido fue una película distinta. Las calles, que horas antes eran un festival, se llenaron de pasos lentos y conversaciones cortas. Aun así, la afición no se rompió. En los bares, los mismos que habían cantado en la previa, se quedaron a comentar jugadas, a abrazarse, a repetir que “esto también es el Rayo”. Algunos jóvenes seguían cantando, más por honra que por alegría. Los veteranos asentían en silencio, como quien ya ha visto caer y levantarse a su equipo demasiadas veces como para dudar de lo que viene después. Finalmente la palabra más escuchada fue orgullo, y eso define a Vallecas.