Helen Lindes: “Tor fue el regalo de mi marido por nuestro décimo aniversario de bodas”
Helen Lindes lleva toda una vida vinculada al caballo. Mucho antes de ser Miss España 2000, de desarrollar una exitosa carrera como modelo o de formar una familia numerosa junto al exjugador de baloncesto Rudy Fernández, ya pasaba las tardes en una hípica alimentando una pasión que sigue intacta décadas después. Ahora, gracias a "Tor", un Pura Raza Español de cuatro años que llegó a su vida como regalo de décimo aniversario de bodas, la modelo ha recuperado una rutina ecuestre que echaba de menos.
"Empecé a montar con ocho años y sobre los diez u once obligué a mis padres a apuntarme a una hípica que estaba cerca de casa", recuerda entre risas a LA RAZÓN. Poco tiempo después llegó su primer caballo, una experiencia que marcaría para siempre su infancia. "Tener un caballo con doce o trece años fue un antes y un después. Eso no se olvida", afirma. Aquella relación temprana con los caballos le enseñó mucho más que a montar. "Te da seguridad en ti misma, sensibilidad y una conexión muy especial con la naturaleza. Yo cuidaba muchísimo de mi caballo. Para mí era como mi muñeco. Le dedicaba todo el cariño y todo el tiempo del mundo", relata.
Ese vínculo también inspiró años después su faceta como escritora. Durante la pandemia publicó "El caballo valiente", un libro infantil nacido de las historias que inventaba para sus hijos antes de dormir. "Cuando una editorial me propuso escribir, me pareció una oportunidad maravillosa. Tuve claro que el caballo tenía que ser el protagonista". La historia, explica, tiene además tintes autobiográficos y relata cómo una niña encuentra en un caballo la confianza necesaria para afrontar sus miedos.
Aunque la maternidad redujo el tiempo que podía dedicar a la equitación, Lindes nunca llegó a abandonar del todo su afición. "Siempre que viajaba intentaba buscar algún sitio donde montar o dar un paseo a caballo. Nunca lo dejé completamente", dice.
El regreso más intenso al mundo del caballo llegó en 2025 gracias a un regalo muy especial. "Mi marido sabía perfectamente que mi gran pasión son los caballos y, por nuestro décimo aniversario de bodas, quiso sorprenderme". La búsqueda la llevó hasta la Yeguada Senillosa, en Girona, la provincia donde nació. Allí conoció a quien terminaría cambiando su día a día, y con el que comparte ciudad de nacimiento.
"Se llamaba Torero, pero lo llamamos Tor. Es un caballo enorme, de 1,78 metros a la cruz, muy imponente físicamente, pero con un corazón enorme", afirma. Lindes reconoce que inicialmente dudó si estaba preparada para un caballo de esas características después de tantos años sin una práctica continuada. Sin embargo, la prueba terminó de despejar cualquier incertidumbre. "Estuve casi dos horas montándolo en pista y después salimos al campo. Fue increíble. Recuerdo que me dijeron: ''No pruebes más caballos porque este es el tuyo''. Y acertaron completamente".
Desde que "Tor" llegó a su vida ha construido con él una relación basada en el contacto diario. "Voy a verle prácticamente todos los días. Le llevo zanahorias, le cepillo, salimos a pastar un rato. No quería que nuestra relación se limitara a montar una hora y marcharme. Necesitaba algo más". Para la entusiasta amazona, ese tiempo compartido se ha convertido en una parte fundamental de su rutina y una forma de reconectar con una afición que siempre estuvo presente en su vida.
"Tor" también ha conquistado a sus hijos, que ya han comenzado a familiarizarse con el mundo ecuestre a través de los ponis. "Les encanta el mundo hípico. Disfrutan muchísimo dándoles de comer, cepillándolos y aprendiendo a relacionarse con ellos".
En esta nueva etapa ecuestre, Helen ha contado con el apoyo de distintos profesionales. Durante varios meses entrenó con Lucas Fernández Valdeolivas en La Abadía. "Me trataron fenomenal y estuve muy feliz allí". Sin embargo, la falta de tiempo y la necesidad de acercar el caballo a su domicilio hicieron necesario un cambio de ubicación.
La solución llegó a través de Borja Cabanas, del club hípico Somosaguas y antiguo profesor suyo, cuando años atrás decidió retomar la equitación antes de interrumpirla de nuevo por un embarazo. Gracias a él contactó con el equipo de Equiam, formado por Miguel Ángel Santos y Ana Martín, con quienes trabaja actualmente. "Estamos adaptándonos poco a poco al cambio y muy felices porque ahora puedo estar más cerca de ''Tor''. Miguel y Ana son una pareja muy profesional y tienen una filosofía hacia el caballo con la que me siento completamente identificada".
Sobre la posibilidad de competir en el futuro, Helen habla con humildad de amazona amateur. "El caballo tiene cualidades de sobra. La que tiene que seguir aprendiendo soy yo". Consciente de la exigencia que implica la competición, prefiere centrarse en el presente. "Respeto muchísimo la profesión de los jinetes y sé todo el trabajo que hay detrás. Ahora mismo mi objetivo es disfrutar y seguir aprendiendo junto a mi caballo", concluye.