En el corazón de la región francesa de Bearn , muy cerca de Pau y de los viñedos del Jurançon existe una iglesia que alberga una obra única en Francia: un armazón construido en roble de unas dimensiones excepcionales (50 metros de largo y 18 metros de alto) con forma de doble casco de barco invertido . El conjunto está situado en la bóveda de la iglesia y puede ser observado tras subir los 72 escalones de una escalera que permiten asistir a un original escenario, donde la luz, la música y la poesía se unen para deleite del visitante. Una insólita cubierta, sin duda, en un templo muy curioso con su planta asimétrica con una nave principal y solo una nave lateral. La Iglesia de Saint-Girons fue levantada entre 1464 y 1530 con tres generaciones de constructores diferentes y choca al contemplarla su tamaño, desproporcionado para un pueblo tan pequeño como Monein, claro que en el siglo XV Monein era un destino muy rico que superaba en habitantes a la actual capital de Bearn, Pau (5.000 habitantes por 700). Su riqueza económica procedía de la producción de vino, pues pagaba más impuestos que sus vecinas Oloron y Orthez, y también era muy importante la presencia religiosa en esta villa que llegó a contar con nueve hermandades. Por este motivo no resulta sorprendente en el interior del templo la existencia de unas paredes muy cubiertas de pinturas del siglo XVI y de su retablo mayor y de los agotes («cagots»), cuya misteriosa historia habla de una serie de personas excluidas de la sociedad, cuyos orígenes podrían estar en los visigodos o en los leprosos. Lo cierto es que este grupo estaba sometido a prohibiciones y obligaciones: debían tener su propia fuente de agua, sólo podían casarse entre ellos, no podían tocar la fruta o la verdura del mercado y debían ingresar en la iglesia por una minúscula puerta en señal de sumisión y santiguarse en una pila de agua bendita exclusiva para ellos. Se dice que pese a sus condiciones de vida colaboraron muy directamente en la construcción de la iglesia pues muchos de ellos se dedicaban a la carpintería. La Iglesia de Saint-Girons, de estilo gótico meridional , es la más grande del Bearn e impresiona por su altura total, de 31 metros , contando con la original estructura en la parte más alta con un doble casco de barco invertido que representa de alguna manera al arca de Noé. Esta obra de arte única en Francia fue declarado Monumento Artístico en 1913 y hoy es posible asistir a un espectáculo de luz y sonido que dura una hora y media reservando en la oficina de turismo de Monein. Antes de abandonar la ciudad se recomienda asistir a los mercados principales de Monein, el tradicional los lunes por la mañana y el agrícola los viernes por la tardes con los productos que crecen en la campiña verde como el melocotón roussanne de color amarillo anaranjado. Todo el área, de unas 8.000 hectáreas, está salpicada de pueblos construidos con piedra de los «gaves» y abundantes palomares, lavaderos y molinos. Capítulo aparte es el de los viñedos del Jurançon, con Denominación de Origen obtenida en 1936. que además dar unos magníficos caldos blancos proporcionan excelentes vistas de la cordillera pirenaica. Podrás admirar los paisajes suaves y dorados, repletos de bastidas y viñedos, en Monein o Lucq de Béarn y probar «el vino de oro y de luz» en bodegas tradicionales como La Cueva de Jurançón que reúne a más de 300 viticultores, y Cauhapé en Monein con sus viñedos ondulados cuyo propietario Henri Ramonteu bendice por sus aromas. Un buen momento para vivir esta experiencia es el primer fin de semana de agosto cuando se celebran las fiestas patronales de Monein. Otra excursión interesante desde Monein se encuentra a muy pocos kilómetros, la Catedral de Sainte Marie en Olorón, testimonio del pasado episcopal de la ciudad, que luce la etiqueta de Patrimonio Mundial de la UNESCO con sus llamativas escenas pirenaicas y bíblicas y y su gran joya, el portal románico del siglo XII. Enfrente del templo no dejes de entrar en Le Russe , una pastelería abierta en 1923 por la familia Artigarrède. Su pastel ruso de praliné espolvoreado con azúcar glas es una irresistible delicia que incluso cautivó a François Mitterrand cuando era presidente de la República. Hoy este manjar está incluido en el menú de las comidas oficiales francesas.