La España que le espera: de las migraciones a la polémica del Valle de los Caídos
Han pasado quince años desde la última visita de un Papa a España. Durante este tiempo no solo ha cambiado el país; también lo ha hecho la Iglesia y la propia sociedad española. León XIV llegará a una nación profundamente transformada, marcada por la polarización política, los debates sobre la vida y la dignidad humana, el fenómeno migratorio, la secularización creciente y los desafíos internos que afronta la comunidad eclesial.
Las tensiones institucionales, los debates sobre el modelo territorial del Estado y las discrepancias sobre cuestiones sociales y económicas alimentan una división cada vez más marcada. Y a todo ello se suman las investigaciones judiciales y los casos de presunta corrupción que han marcado la actualidad política en los últimos meses.
La visita del Papa al Congreso es uno de los encuentros más esperados. En el discurso que dirigirá a los políticos se esperan referencias al servicio del bien común, el rechazo de los extremismos, la corrupción, la dignidad de la persona, el respeto de la vida desde su concepción hasta la muerte natural, la acogida a migrantes e incluso el problema de la vivienda.
La legislación sobre el aborto y la eutanasia sitúa a España entre los países europeos con marcos normativos más avanzados en estas materias. Ambas cuestiones constituyen puntos de especial contraste con el magisterio de la Iglesia. Debates que trascienden el ámbito político y que reflejan una profunda transformación antropológica y cultural en la sociedad española. Hace apenas unas semanas, las asociaciones provida, como cada año, volvieron a salir a la calle a gritar «¡Sí a la vida!» y pedir el fin del aborto y la eutanasia, así como leyes que protejan la maternidad y a los ancianos.
En la pasada Asamblea Plenaria de obispos, el presidente, Luis Argüello, expuso que «el reduccionismo emotivista es un riesgo cierto» que empapa la sociedad, la política y la Iglesia y «transforma las opiniones en identidades», de tal forma que el miedo se convierte en «el pegamento más fuerte de la polarización».
«Las ideologías en las sociedades postmodernas participan del juego de identidad, pertenencia y polarización al servicio de la lucha por el poder. También el pensamiento teológico y, desde él, la vida eclesial y la acción pastoral se ven afectados por reduccionismos ideológicos», denunció. En este sentido, señaló que «la democracia, vivida como ideología, se pretende aplicar a todas las dimensiones de la existencia y perturba la genuina sinodalidad, discernimiento compartido para ser más fieles al mandato misionero del Señor, para convertirlo en un ejercicio de reparto del poder según las preferencias teológico-pastorales de los participantes».
La inmigración es otro de los protagonistas de la visita. León XIV cumplirá el sueño de Francisco de visitar Canarias y conocer la realidad de los migrantes que llevan masivamente al archipiélago canario. La ruta atlántica está considerada como la más letal del mundo. Según la ONG Caminando Fronteras, más de 3.000 personas murieron en 2025 al llegar a España desde África Occidental y la Organización Internacional para las Migraciones cifra en 7 las personas migrantes que mueren de media cada día en el mar tratando de llegar.
La reciente aprobación de la regularización extraordinaria de personas migrantes apoyada por la Iglesia, y que recaudó 600.000 firmas para la tramitación de la Iniciativa Legislativa Popular, ha generado también un debate dentro del propio mundo católico.
Una división también manifiesta en la resignificación del conjunto monumental del Valle de los Caídos, rebautizado como Valle de Cuelgamuros. Una parte de los católicos no «perdona» a los obispos que –según ellos– hayan entregado el complejo al Gobierno, sin poner apenas resistencia para salvar la Basílica y la comunidad benedictina. Mientras algunos fieles y asociaciones han reclamado una oposición más firme a los planes del Gobierno, varios obispos han apostado por la negociación institucional y por preservar, ante todo, el culto, la presencia monástica y la misión pastoral del santuario.
Frente a las críticas de estos sectores hacia la jerarquía eclesiástica se encuentran los que defienden que el diálogo y la búsqueda de acuerdos son la mejor vía para garantizar el futuro religioso del enclave y evitar una mayor confrontación social. Existe el temor a la instrumentalización de la visita papal por este asunto.
Por otro lado, la cuestión de los abusos sexuales cometidos en el ámbito eclesial constituye uno de los mayores desafíos que afronta la Iglesia en España. Durante las últimas décadas han salido a la luz numerosos casos que han provocado un profundo dolor en las víctimas. La Conferencia Episcopal, junto a las diócesis, congregaciones religiosas e instituciones eclesiales han puesto en marcha protocolos de prevención, oficinas de atención a las víctimas y mecanismos de investigación y colaboración con la justicia. Además de reforzar las medidas destinadas a evitar que hechos semejantes vuelvan a producirse, junto a las religiosas y religiosos españoles han lanzado el llamado plan Priva de Reparación Integral a las Víctimas de Abusos para atender a personas que sufrieron abusos.