Las empresas pierden más de 3.000 euros por trabajador al año: el aburrimiento ya cuesta más que el estrés laboral
Las empresas españolas pierden una media de 3.037 euros al año por trabajador debido al absentismo, la rotación no deseada y el bajo desempeño. Detrás de esta factura multimillonaria se encuentra principalmente una desconexión creciente entre los empleados y sus organizaciones. Esta es una de las principales conclusiones del Primer Informe sobre el Estado de las Personas en la Empresa en España 2026, elaborado por la consultora Dathum a partir del análisis de más de 31.000 trabajadores de 15 sectores económicos durante los últimos cinco años.
Del coste total de 3.037 euros por empleado, alrededor de 700 euros corresponden al absentismo no deseado, cerca de 1.000 euros a la rotación no planificada y más de 1.100 euros al bajo rendimiento laboral. Sumado al conjunto de la economía, el impacto asciende a miles de millones de euros cada año.
El aburrimiento supera al estrés
Uno de los hallazgos más llamativos del informe desmonta una de las creencias más extendidas en el ámbito laboral: el estrés no es el principal desencadenante del absentismo. Según los datos analizados, la correlación entre estrés percibido y absentismo es prácticamente inexistente. En cambio, la apatía y el aburrimiento aparecen como los factores más estrechamente vinculados a las ausencias laborales.
El 12,6% de la fuerza laboral está en zona de aburrimiento, un porcentaje que no deja de subir año tras año. Este problema suele pasar desapercibido en muchas empresas, que no toman medidas al respecto. El trabajador continúa acudiendo a su puesto, cumple con sus tareas y no genera conflictos aparentes, pero ha dejado de sentirse vinculado al proyecto empresarial hasta caer en una "zona de vacío".
Mientras que los trabajadores sometidos a situaciones de sufrimiento generan diez veces más absentismo que aquellos que se encuentran en condiciones óptimas, quienes caen en esa zona de vacío multiplican por 17,8 las probabilidades de ausentarse.
Falta de reconocimiento
Hay otro problema silencioso que resulta carísimo a las empresas: cuatro de cada diez trabajadores han dejado de creer que su trabajo importa o tiene valor dentro de la organización. "Cuando a la gente no les dices si lo hacen bien o mal, se te empiezan a apagar", asegura Roberto Rodríguez, cofundador de Dathum.
Las consecuencias económicas son significativas. Los empleados con bajos niveles de reconocimiento registran tasas de absentismo 16 veces superiores y niveles de productividad hasta 15 veces inferiores respecto a quienes sienten que su aportación es valorada.
El liderazgo desempeña un papel determinante en este fenómeno. Las empresas con modelos de dirección inclusivos, donde los trabajadores pueden participar, crecer y sentirse escuchados, presentan niveles de reconocimiento notablemente superiores a aquellas donde predominan estilos de gestión excluyentes o excesivamente paternalistas.
La generación más productiva, la más desconectada
El informe también identifica un punto crítico en la franja de edad comprendida entre los 35 y los 44 años. Este colectivo, que concentra buena parte de las responsabilidades operativas y de gestión dentro de las empresas, presenta simultáneamente los peores indicadores de compromiso, productividad, reconocimiento profesional y absentismo. Concretamente, el 63% del compromiso de las personas de esta franja de edad es el más bajo de toda la curva activa.
Los autores alertan de que esta situación es preocupante porque afecta a uno de los segmentos con mayor capacidad de innovación y transformación dentro de las organizaciones. En un contexto económico marcado por la digitalización y el cambio tecnológico, la pérdida de implicación de estos perfiles puede convertirse en un importante lastre para la competitividad empresarial.
La paradoja del salario
Aspectos como el reto profesional, la autonomía o las oportunidades de aprendizaje han perdido peso entre las prioridades laborales de los trabajadores. En su lugar, la estabilidad se ha consolidado como una de las principales preocupaciones, tras aumentar 14 puntos porcentuales en el último año en un contexto marcado por la incertidumbre económica y social. Junto al salario y la disponibilidad de tiempo, estos factores se sitúan ahora por encima de elementos tradicionalmente asociados a la realización profesional. Esta evolución refleja un cambio de tendencia hacia motivaciones más extrínsecas, cuyo peso alcanza ya el 54,4%, frente al 44,8% registrado en 2021.
"El modelo de retención basado en desarrollo, autonomía y reto ya no funciona. Estos factores pierden peso frente a prioridades vinculadas a seguridad, control del tiempo y protección frente a la incertidumbre", explican desde Dathum.
Además, a menudo, cuando el dinero se convierte en la principal reivindicación de los trabajadores, no es únicamente una cuestión salarial. De hecho, las personas que sitúan la subida de sueldo como su máxima prioridad presentan un nivel de compromiso 11,7 puntos inferior y una capacidad de transformación 10 puntos menor que quienes no colocan la remuneración en el centro de sus preocupaciones. Más que hablar de dinero, estos datos apuntan al tipo de trabajo y al contexto laboral. Cuando el salario emerge como la demanda principal, suele ser el síntoma visible de un problema más profundo: trabajadores que se encuentran en una situación de vacío, con escaso reconocimiento profesional o sometidas durante demasiado tiempo a estilos de liderazgo que limitan su autonomía.