Muere sin parientes ni testamento y todos sus bienes acaban donde nadie esperaba: 8.000 millones de euros en juego
Un hombre falleció en la provincia de Reggio Emilia en marzo de 2009 sin dejar testamento ni un solo pariente. Según informa Corriere di Bologna, el juez de tutela del tribunal de Módena ha declarado vacante esa herencia, lo que significa que sus inmuebles, repartidos por la provincia modenesa, pasan ya de forma definitiva a propiedad pública.
La clave jurídica está en el artículo 586 del Código Civil italiano, la norma que el tribunal aplicó para resolver qué hacer con un patrimonio que se había quedado huérfano de dueño.
El objetivo, recoge el diario boloñés, es evitar que las propiedades de quien muere sin sucesores caigan en el abandono al no tener un titular legítimo que las administre. En el lenguaje del derecho italiano esto se conoce como una herencia vacante, es decir, ni herederos testamentarios ni familiares con derecho a reclamarla.
Una herencia en manos del estado
Quien firmó la resolución fue la magistrada Daniela Di Girolamo, del Tribunal Civil de Módena. La jueza anuló la declaración de herencia al haber prescrito el plazo del que disponían los posibles beneficiarios para aceptarla, revocó el nombramiento del curador que se había designado para custodiar los bienes y dejó establecido que el Estado adquiere de manera automática todo el patrimonio del fallecido. Durante el proceso, mientras se decidía el destino final, fue la propia Administración la que ejerció de guardiana de las propiedades.
Corriere di Bologna sitúa este expediente dentro de un asunto que en Italia ya alcanza dimensiones notables. Las herencias sin herederos suman a día de hoy alrededor de 8.000 millones de euros, según las cuentas del Laboratorio de Evaluación de la Fundación Giordano Dell'Amore para la Fundación Cariplo.
Y la curva apunta hacia arriba. La misma estimación calcula que esa bolsa podría dispararse hasta los 20.800 millones en 2030 y rozar los 88.100 millones en 2040. Solo en Emilia-Romaña, la región del caso, hablamos ya de un par de miles de millones.
Fines benéficos, un posible destino
¿Por qué se acumula tanto patrimonio sin dueño? El estudio de Cariplo apunta a dos factores que se retroalimentan. Por un lado, la escasa costumbre de los italianos de dejar testamento y, por el otro, el envejecimiento progresivo de la población.
Si no hay testamento ni parientes hasta el sexto grado, los bienes acaban en el Estado una vez concluido el proceso y transcurridos diez años. Quien sí redacta sus últimas voluntades, en cambio, puede destinar lo que tiene a fines benéficos a través de los llamados legados solidarios.
Buena parte de ese dinero podría terminar en el tercer sector, ya sean iglesias, Cáritas u otras entidades sin ánimo de lucro, si quienes no tienen herederos optaran por donar su patrimonio. El documento de Cariplo plantea, además, que la cifra real podría ser todavía mayor, porque ni siquiera contempla a las familias que sí cuentan con sucesores pero que igualmente podrían decidir ceder una parte de sus bienes en beneficio de la comunidad.