Crítica de 'Ubú': Actualidad política y surrealismo ★★★☆☆
Autoría: Alfred Jarry. Versión: María Folguera. Dirección: Hugo Nieto. Reparto: Antonio Pagudo, Cristina Gallego, Marta Guerras, Dani Llull, Eduardo Mayo, Elena Lombao. Nave 10 Matadero, Madrid. Hasta el 21 de junio.
Estrenada en 1896 en París, ‘Ubú rey’ supuso en cierto modo un hito en la evolución del arte escénico por abrir la senda que transitarían después con paso firme los autores del teatro del absurdo. La obra original de Alfred Jarry puede definirse como una sátira surrealista inspirada en las tragedias de Shakespeare -especialmente en Macbeth- que censuraba la ambición, el materialismo y la pérdida de valores de la burguesía acomodada en aquel cambio de siglo y que rompía de manera radical, en cuanto a forma y lenguaje, con el teatro decimonónico.
En el montaje que dirige ahora Hugo Nieto, y que se titula simplemente ‘Ubú’, la dramaturga María Folguera ha adaptado con inteligencia el argumento original al contexto político y social de nuestros días manteniendo intacto el espíritu transgresor y combativo del autor francés. Aunque no se dan nombres de personas reales, los guiños a nuestra actualidad son inequívocos y recurrentes, y muchos espectadores podrán ver sin esfuerzo los paralelismos entre las situaciones que viven los protagonistas y las que conocemos cada día por la prensa. La escandalosa y desoladora indignidad de nuestra clase política, y de los poderosos en general, está oportuna y diestramente reflejada en una versión que no necesitaba, sin embargo, adornarse de más chistes que los que ya emanan de la peripecia dramática de los personajes.
Esa posible “sobrecarga” de efectos cómicos que presenta el texto se ve a su vez realimentada en el escenario por el código de representación que ha escogido Hugo Nieto, y que bebe de principio a fin, y hasta sus últimas consecuencias, de la pantomima, la farsa o la parodia. Desde luego, la propuesta del director no puede ser más osada en el estilo que adopta. Y lo cierto es que le da excelentes resultados: no sé cómo lo consigue, pero el exceso de artificio va siendo asumido poco a poco por el espectador y no lo distrae del meollo más de la cuenta. Así, lo que podría parecer al principio una insoportable y abigarrada desmesura de estímulos irracionales -reconozco que era lo que yo, en los primeros minutos, vaticinaba que probablemente acabaría siendo un espectáculo de esas características- se convierte a medida que avanza la función en una divertida y acerada invectiva contra la codicia humana que es puro juego teatral. Qué duda cabe de que los actores son responsables en gran medida de que la empresa llegue a buen puerto. La verdad es que no pueden estar mejor escogidos, porque todos hacen un dificilísimo y estupendo trabajo. Destacan, si cabe, Antonio Pagudo -al que pocos habrán tenido oportunidad de ver en teatro desde sus lejanas colaboraciones con Yllana-, Marta Guerras y Eduardo Mayo. Por cierto, que tampoco habrá muchos que hayan tenido oportunidad de ver antes, y aquí me incluyo yo, lo bien que canta este último.
- Lo mejor: Es una propuesta muy arriesgada y original en su lenguaje escénico que consigue de forma admirable hacer reír y pensar a cualquier tipo de espectador.
- Lo peor: El exceso de expresiones y réplicas ‘ocurrentes’ en algunas escenas resta comicidad en lugar de añadirla.