Pedro y el lobo de los presupuestos
La perspectiva siempre tiene cierto sentido del humor. Hubo un tiempo en el que el principal problema político en España parecía la falta de credibilidad del presidente del Gobierno. Pedro Sánchez decía una cosa y los hechos iban por otro lado, como si nada. ¿Que no dormiría bien pactando con Podemos? Pues encumbraba a Pablo Iglesias como vicepresidente, abrazo mediante. ¿Que no habría amnistía para los independentistas? Ya, claro. Y así se podría seguir un buen rato. Los periodistas, entonces, echaban el día entretenidos recurriendo a la hemeroteca y mirando a ver cuántas veces Sánchez había dicho X y al final resultó que Y.
Pero todo eso, ahora, sabe como a poca cosa. El ajuar de José Luis Rodríguez Zapatero en una caja fuerte de Ferraz, los pitillos que se estará echando José Luis Ábalos en el patio de la cárcel, las estrategias de Leire Díez para desactivar esa parte del Estado que se encarga de que el poder no se le vaya de las manos a los que lo tienen... esas cuestiones, y otras tantas, hacen que la mentira quede minimizada a algo anecdótico, a una trastada de niños si acaso. Pero el poso ahí sigue y, como si fuera el cuento de Pedro y el lobo, nadie se fió cuando Pedro Sánchez dijo que su objetivo era (ahora sí que sí) aprobar los presupuestos de 2027.
Ninguno de los socios de investidura del Gobierno, que es a quien Sánchez necesita si quiere aprobar las cuentas, se ha tomado demasiado en serio el anuncio de que quiere sacarlas adelante. Un anuncio que, por cierto, se hizo el mismo día en el que se conoció el sumario de las cloacas y que acabó dando a la noticia presupuestaria un tufillo a cortina de humo. Cobró más peso la tesis de que era una estrategia para adelantar las elecciones y, ayer, él mismo deslizó esa posibilidad.
Sánchez lleva desde que fue investido en 2023 asegurando que su objetivo es el de aprobar unos presupuestos para el año siguiente. Año tras año, la misma intención. Lo más lejos que llegó fue en 2024, cuando sí los llevó al Congreso, pero acabó retirándolos por un anuncio de adelanto electoral en Cataluña. Desde entonces, siempre ha dicho que los iba a llevar, pero no lo ha hecho. Año tras año, el mismo resultado.
Pero la situación ahora es todavía peor que en los ejercicios anteriores y la posibilidad de sacar las cuentas se aleja aún más. A los problemas que ya le impidieron a Sánchez hacerlo en el pasado (la dependencia excesiva de unos socios que compiten entre sí, el interés electoralista, la imposibilidad de aunar mayorías parlamentarias...) se suma ahora que el bloque de investidura está efectivamente roto.
Junts y PNV se han dado cuenta de que, si te pones cerca de Sánchez, te quemas. Y eso les puede pasar factura en las próximas elecciones municipales si se celebran antes de las generales, que es lo que sucederá si no hay un adelanto electoral. Unos temen que Bildu les coma por la izquierda y los otros que Aliança Catalana les barra del mapa.
Fuentes de diversos partidos coinciden en analizar que aprobar los presupuestos sería un golpe de efecto que daría alas a Sánchez, no sólo para agotar la legislatura, sino también para presentarse a las elecciones generales en mejor forma que ahora. Por eso, pocos creen que Junts y PNV vayan a querer darle ese espaldarazo mientras se están intentando distanciar, más aún para aprobar unos presupuestos que se tendrían que aprobar a solo unos meses de las elecciones municipales.
Entre los partidos del Gobierno, PSOE y Sumar, sin embargo creen que pueden ofrecer en los presupuestos algo lo suficientemente atractivo como para que los independentistas y nacionalistas les cueste decir que no. O, por lo menos, para que paguen el precio de tumbarlos. Eso sí, ya no los dan por hecho, algo que sí pasaba en anteriores ocasiones: "Habrá que ver. Nosotros tenemos que aspirar a sacarlos", aseguran desde Sumar.
Pero, cosas de la vida, aspirar a algo no suele ser suficiente para lograrlo. A veces ni pondera. Por ello, algunos socios interpretaban que el anuncio de que se quiere elaborar los presupuestos para 2027 podía ser la antesala de un adelanto electoral. Esa teoría ya cobró fuerza cuando el Gobierno se puso a trabajar, a medio gas, en elaborar las cuentas de 2026 y desde Podemos hasta ERC interpretaron que lo que Sánchez buscaba era que el Congreso los tumbase (porque no veían entonces posibilidad real de que salieran adelante) y que eso sirviera de excusa para convocar elecciones antes de mayo. Ya pasó en 2019 y por qué no iba a repetirse. Ayer, Sánchez vino a darles la razón cuando dijo que «si se tienen que tomar decisiones, pues las tomaremos». Es la primera vez que abre la puerta de unos comicios antes de mayo.