Crítica de "El placer es mío": cuando ella no siente ★★★
Ahí está, miren hacia arriba en esta página y comprueben que la industria francesa no solo sobrevive, y bien, parece, por lo que dictan las taquillas, a base de comedias románticas un poco bobas o, directamente, de filmes humorísticos protagonizados por una clase media/alta que parece siempre estar al borde del precipicio emocional o algo parecido, aunque el asunto que les preocupa sea muchas veces un tanto frívolo o impostado (véase la saga «Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?») aprovechando distintas coyunturas sociales. Eso sí, hay ocasiones en que les sale mejor que otras.
Hablemos de la película que nos ocupa, con dos pesos pesados de la interpretación gala, Alexandra Lamy y François Cluzet, que encarnan a un matrimonio en el que él está en paro aunque vivan en una maravillosa casa que la única hija del matrimonio se empeña en vender para saldar deudas, mientras que ella, tras 20 años de casados aparentemente felices, decide darle luz verde a un secreto que se las trae: nunca, jamás, ha tenido un orgasmo. Lo que, ya fuera de este contexto cachondo, es un grave problema para muchas mujeres. Entonces, Tom, ingeniero e inventor ruinoso, decide afrontar un reto: crear un objeto sexual que revolucione el placer femenino. Nada de grandes penes de goma aunque sean negros: la clave está en el clítoris y en estimularlo, pero no a empujones vivos. Total, que entre pitos, no me malinterpreten, y flautas, transcurre esta película con algún que otro gag un poco antigüito (el del superrmercado, por ejemplo), pero con muchas ganas de entretener al respetable a base de meneos. Y es literal.
Lo mejor: Se trata de una divertida comedia que intenta ser un poco picante, aunque sabe el límite
Lo peor: El de la hija de este matrimonio es un personaje que se queda en medio de dos aguas