«Estos estadios suelen tener un foso detrás de las vallas. Mientras corría hacia ellas, pensé: si salto y hay dos metros de profundidad, ¡me rompo el cuello!». Hombre precavido vale por dos. A Gordon Strachan (Edimburgo, Escocia, 9 de febrero de 1957) le poseyó la cordura una calurosa tarde de junio de hace 40 años cuando se dirigía como un poseso hacia una de las bandas del estadio La Corregidora de la ciudad mexicana de Querétaro. El pequeño (1,68 metros) centrocampista de Escocia pretendía celebrar el gol que acababa de marcarle a Alemania Federal en el minuto 19 del segundo partido del Grupo E del Mundial organizado por México en 1986. Durante el torneo se había vuelto costumbre que los jugadores saltaran las vallas publicitarias para acercarse a los aficionados de su país y festejar con ellos. Esa era la intención de Strachan, quien incluso hizo un amago de superar el obstáculo publicitario. Dio un saltito mínimo, confirmó que se hallaba ante una cima demasiado alta para sus piernas y decidió ejecutar rápida e inteligentemente un plan B. Con su habitual sonrisa pícara, simplemente levantó la pierna derecha y la dejó apoyada sobre la valla en relajada pose mirando hacia los seguidores escoceses ubicados en aquella zona del campo. En sus entrevistas posteriores, Strachan siempre bromea sobre ese momento explicando que «era demasiado bajito para saltar el cartel» y que tuvo que improvisar para no quedar en ridículo. En esas comparecencias ante la prensa, el simpático escocés abundó sobre las vivencias personales y colectivas en aquel Mundial de México. Él, por ejemplo, siendo pelirrojo y de tez muy clara, sufrió enormemente con el sol y el calor del país norteamericano. Para protegerle de posibles quemaduras, o incluso de una insolación, el cuerpo técnico del equipo le obligaba a permanecer confinado en el hotel. «Fueron días muy aburridos», recuerda. Mucho menos aburridos fueron los controles antidopaje. «Todo el mundo quería que le tocara pasar el control después del partido. Te dejaban beber toda la cerveza que quisieras hasta que te entraran ganas de orinar», rememora el futbolista con nostalgia. Volviendo a la celebración del gol ante Alemania, los británicos y los cientos de miles de espectadores de todo el mundo que presenciaron la escena vivieron un momento de diversión tan inolvidable como fugaz. Y es que los alemanes solo tardaron tres minutos en empatar. Marcó Voller. Y en el segundo tiempo, cuando apenas habían regresado del descanso, Allofs rubricó la definitiva remontada germana (2-1) . La derrota fulminó toda esperanza escocesa de pasar a octavos de final. Antes, en su primera cita del campeonato, ya habían caído ante Dinamarca (0-1). Y luego, en la tercera y última con Uruguay, solo rascaron un pobre empate a cero goles. Y eso que jugaron prácticamente todo el partido con un hombre más. No es una exageración. Strachan también fue protagonista indirecto de otro hecho extraordinario ocurrido en ese Mundial 86. Así, a los 53 segundos, 'Charly' Batista, defensor uruguayo, le hizo una dura entrada. El árbitro le mostró la tarjeta roja y esa acción se convirtió en la expulsión más rápida hasta ahora en la historia de los Mundiales.