Atentos a... Zion Suzuki: el portero japonés que rompe todos los estereotipos
En la época de los samuráis, un «hatamoto» era un prestigioso guerrero cuya misión era proteger al «shogun», el líder militar japonés. Siglo y medio más tarde, Zion Suzuki es una de las historias de este Mundial. Lo es porque, con apenas 23 años, se ha consolidado como el arquero de una de las selecciones más atractivas del torneo y, también, porque rompe con varios estereotipos:mide 1,90m –una estatura nunca vista en la selección nipona–, nació a más de 10.000 kilómetros de Tokio y es un «hafu», término japonés que se usa para describir, a veces despectivamente, a los mestizos.
Suzuki nació en Nueva Jersey, fruto del matrimonio entre un padre estadounidense de origen ghanés y una madre japonesa. Apenas unos meses después, la familia se trasladó a Urawa, en la prefectura de Saitama, donde creció y aprendió a sentirse japonés, aunque su nombre haga referencia al Monte Sion de Jerusalén. El fútbol apareció pronto en su vida. Entró en la cantera del Urawa Red Diamonds siendo un niño y fue creciendo hasta convertirse, con solo 16 años, en el jugador más joven en firmar un contrato profesional con el club. Allí empezó a destacar por unas condiciones poco habituales para un guardameta en el país del sol naciente: una gran envergadura, seguridad por alto y una notable capacidad para jugar con los pies, una cualidad que terminaría definiendo su estilo. Más tarde llegaron los títulos nacionales, la Liga de Campeones asiática y el salto a Europa.
En 2023 tuvo delante una decisión que parecía imposible de rechazar. El Manchester United mostró interés por incorporarlo, pero Suzuki prefirió marcharse al Sint-Truiden belga. La explicación la dio él mismo: «Si no lo hubiera pensado, por supuesto que me habría gustado ir». Sin embargo, entendió que necesitaba jugar para seguir creciendo. «Quiero pensar qué futuro me espera», añadió entonces. Después de un año sorprendente en Bélgica, fichó por el Parma por más de ocho millones de euros, convirtiéndose en el primer portero japonés que disputaba la Serie A. Ahora, según Transfermarkt, ya vale veinte.
Mientras su carrera avanzaba, también lo hacía un debate que nunca buscó protagonizar. Suzuki podía representar a Estados Unidos, Ghana o Japón. Eligió a los «Samuráis Azules», el país donde se había criado. Sin embargo, tras un error en la Copa Asiática de 2024 frente a Irak, parte de las críticas dejaron de ser deportivas y en redes sociales aparecieron mensajes racistas que cuestionaban su origen. El portero respondió con serenidad: «Acepto las críticas relacionadas con mi trabajo, pero no los insultos por mi color de piel. Así de simple», sentenció para alejarse del foco mediático y centrarse solo en mejorar y responder en el campo.
Aquellos insultos terminaron convirtiéndose en un punto de inflexión. Suzuki siguió creciendo en Italia y antes del Mundial reconoció que la experiencia le había permitido encontrar una «estabilidad» que antes no tenía. Hoy es una de las figuras de Japón, también el reflejo de un país que empieza a verlo de otra manera, y la Copa del Mundo le está consagrando. Fue uno de los artífices del empate de los «samuráis» ante Países Bajos y de su clasificación como segundo de grupo. Esta noche subirá el nivel de dificultad y tendrá la misión de proteger la portería nipona de la Brasil de Vinicius.