El Vaticano recupera su joya más silenciosa: la Loggia de Raffaello
Durante siglos, la Loggia di Raffaello ha permanecido como un territorio casi secreto dentro del Palacio Apostólico: visible, sí, pero rara vez mirada con la atención que merece. Hoy, sin embargo, vuelve a reclamar su lugar en la historia del arte con una fuerza inesperada. Hay que detenerse en ese corredor luminoso donde Rafael y sus discípulos fijaron, entre 1517 y 1519, uno de los lenguajes más refinados del Renacimiento.
Reyes, jefes de Estado, autoridades y personalidades de medio mundo atraviesan estos pasillos sin advertir que caminan por un corredor que explica el Renacimiento mejor que cualquier manual de historia del arte. También nosotros, los que cubrimos las noticias del Santo Padre en ocasiones especiales, avanzamos por estas galerías sin poder escapar a la presencia envolvente de Rafael y sus discípulos.
La segunda logia ha sido restaurada, aunque aún queda mucho por hacer. La restauración actual —iniciada el 15 de abril y prevista hasta 2031— avanza con precisión quirúrgica. Veintidós especialistas trabajan en ella, cinco por cada tramo, organizando los andamios de modo que nunca interfieran en el paso de los invitados del Papa. El coste, 5.500.000 euros y lo cubre el World Monuments Fund, que ha querido que jóvenes restauradores participen para aprender directamente de los expertos vaticanos. Un gesto que convierte esta obra en algo más que una intervención técnica: en una transmisión generacional de saber.
World Monuments Fund, la mayor organización independiente dedicada a la protección del patrimonio cultural, con sede en Nueva York y presencia internacional impulsa desde 1965 la conservación de lugares esenciales para la memoria colectiva. Su participación en la Loggia de Raffaello combina financiación y visión: entiende el patrimonio como un puente entre culturas y como una herramienta para afrontar retos actuales, del clima al turismo sostenible.
La directora de los Museos Vaticano Barbara Jatta ha expresado su mayor deseo: “Posiblemente más adelante abramos al público esta joya, así también recuperaría el papel que tuvo durante siglos. Ser la antesala obligada del recorrido artístico del Vaticano, el espacio que se visitaba antes incluso que la Capilla Sixtina”.
La Logia de Rafael mide 65 metros y está dividida en trece campatas, la Loggia despliega en cada tramo cuatro escenas bíblicas: doce dedicadas al Antiguo Testamento y una final al Nuevo. Giulio Romano dirigió la ejecución de las historias sobre las bóvedas, mientras Giovanni da Udine se ocupó de los elementos botánicos, buena parte de las grottesche y los estucos a la antigua, con aportaciones de Perin del Vaga. "Recorrida desde siempre por cardenales, prelados y embajadores —explica la directora de los Museos Vaticanos, Barbara Jatta, admirada y copiada por artistas y etapa obligada del Grand Tour, la Loggia ocupa un lugar central en los espacios de la Santa Sede».
Dos españoles también trabajaron en esta imponente obra
A comienzos del siglo XVI, cuando Rafael dirigía la decoración de la Loggia —mientras trabajaba también en la basílica de San Pedro y en su última obra, la Transfiguración (1516‑1520)— dos jóvenes españoles formaban parte de su taller: Pedro Machuca y Alonso Berruguete. Machuca, que estuvo en Roma entre 1510 y 1520, colaboró en las tareas del corredor antes de regresar a España, donde en 1528 sería nombrado arquitecto del Palacio de Carlos V en Granada. Berruguete, que vivió en Italia entre 1506 y 1518, trabajó en Roma en esos mismos años y absorbió el estilo del Renacimiento antes de volver a Castilla, donde en la década de 1520 comenzó los retablos que lo convertirían en uno de los grandes maestros españoles. Su presencia en la Loggia muestra cómo el taller de Rafael fue también un punto de formación decisivo para artistas de toda Europa.
En 1813-1814 los arcos del lado este de la Logia fueron cerrados con vidrieras, en una obra supervisada por Antonio Canova. El cerramiento, al modificar el microclima de la Logia, impidió con el paso de los años la renovación del aire y provocó el estancamiento de la humedad procedente del piso superior. La diversidad y particularidad de las técnicas pictóricas empleadas (delicadas aplicaciones al seco sobre estuco romano para los grutescos, acabados al temple o a la cal aplicados sobre bases al fresco para los festones y los fondos de azurita), junto con el microclima característico de un espacio expuesto durante siglos a la acción directa de los agentes atmosféricos, han dado lugar a un estado de conservación extremadamente precario.
Tras aproximadamente medio siglo desde la última restauración parcial, se emprendió en la sexta crujía de la Logia un proyecto piloto de estudio. Dividido en dos fases, de enero de 2019 a septiembre de 2020 y de enero de 2023 a diciembre de 2024, permitió desarrollar una metodología de intervención adecuada.
Los trabajos de restauración continúan con el firme propósito que dentro un tiempo, el público pueda acceder a estos pasillos que son "parte de la casa" de los papas.