De Sandro Pertini a Donald Trump
La Copa del Mundo y en general el fútbol son un terreno propicio para la incursión de políticos de todo pelaje. Escuchar «reflexiones» en el Congreso o en un mitin de una campaña electoral apelando a la terminología futbolera debería suponer el cese inmediato de los hacedores de discursos y asesores de todo a cien. La intervención directa de Donald Trump en el Mundial era algo previsible más pronto que tarde. Resulta que a Folarin Balogun, un delantero de la selección estadounidense que tiene nombre de uno de los malos de La Princesa Prometida, le expulsaron ante Bosnia y Herzegovina. Trump se revolvió en su sofá de la Casa Blanca, juró por lo más sagrado y antes de revocar los Acuerdos de Dayton decidió que lo más sensato era llamar a la FIFA: «Oye miradme esto que tal». Lo miraron de aquella manera e Infantino y los suyos lo dejaron en una amarilla. Bélgica se cisco en la influencia del presidente de Estados Unidos, pasó de aranceles, goleó a los «USA» en octavos y el gol de Lukaku lo celebraron con el «Trump dance». Un zasca glorioso.
Ese intervencionismo de las altas esferas en un Mundial viene de lejos. Mussolini fue uno de los responsables, si no el principal, de los dos atracos arbitrales a España en Italia 1934. Los dos árbitros, belgas para más señas, fueron expulsados de su federación tras el campeonato. El título de Argentina en su Mundial en 1978 estuvo manchado por la dictadura militar de Videla. Sombras para la hazaña de Kempes y compañía. Así que lo de Trump o los arbitrajes a Argentina en este campeonato no son algo nuevo. Con lo inocente que resultaba Sandro Pertini celebrando los goles de su «Azzurra» ante Alemania en el palco del Bernabéu durante la final del Mundial de Naranjito.
El deporte sin injerencias externas y agentes tóxicos que lo emponzoñen es algo maravilloso. Apunten en la agenda citas ya aseguradas y otras que están por llegar: la primera semifinal de Wimbledon mañana va a ser un Sinner-Djokovic; los cuartos de final del Mundial; en el Tour, un danés y un belga están empeñados en torpedear a Pogacar y lo mejor, como siempre, está por venir. Imaginemos: un Francia-España y un Argentina-Inglaterra suenan a gloria bendita. Que lo disfrutemos.