Primera gran batalla del Tour 2026: llega el Tourmalet
Llegó la hora de la verdad en el Tour de Francia. En un inicio un tanto atípico, con etapas quebradas y de media montaña, por ahora habíamos visto alguna escaramuza en la que -como viene siendo habitual- Pogacar se ha mostrado más fuerte que los demás. Nada nuevo bajo el sol.
Pero que en la sexta etapa llegue la montaña de los Pirineos es otra cosa. Hay una ley no escrita en el ciclismo que dice que el primer día de verdaderas subidas siempre se le atraganta a alguien. Uno de los favoritos todavía no lo sabe, pero hoy perderá sus opciones en el Tour. Porque, además, la cadena montañosa que une -¿o separa?- Francia y España llega con su gran coloso: el Tourmalet.
2.100 metros de altitud
Sus casi 18 kilómetros de subida por encima del siete por ciento de pendiente media, el misticismo que rodea a la cima y los más de 2.100 metros de altitud que se alcanzan al coronar son ingredientes más que suficientes para que siempre pase algo importante. Llega muy pronto, por lo que parece difícil pensar que la carrera salga ya decidida de la etapa de hoy. Aunque todo dependerá de cómo se lo tome el gran «capo» del pelotón, que por ahora tiene la misma pinta de los últimos años.
Pogacar está tan fuerte que llegó a permitirse cederle una etapa a su compañero Isaac Del Toro en Barcelona, y luego remató él en un día de media montaña en Les Angles para ponerse de amarillo. Al día siguiente, camino de Foix, lo cedió a Torstein Traeen, quien ahora mismo tiene unos ocho minutos de ventaja sobre él y sobre el resto de candidatos a la victoria en París. El miércoles fue combate nulo, con una fuga consentida de Baptiste Veistroffer (Lotto Intermarché) y victoria posterior al esprint de Olav Kooij. Todo eso cambiará a partir de hoy.
El encadenado previsto para la etapa no podía ser más clásico: Col d’Aspin y Tourmalet. A propósito, para que tampoco se abra un gran abismo entre los favoritos, el Tour ha decidido no meter ningún gran puerto más detrás del rey de los Pirineos. En su lugar, los ciclistas ascenderán a Gavarnie-Gèdre, una subida de unos 11 kilómetros, pero que apenas llega al cuatro por ciento de pendiente. Más bien una sucesión de falsos llanos, que llegará justo tras el vertiginoso descenso del Tourmalet y donde es más difícil que un corredor solo haga hueco. Aunque tratándose de Tadej, nunca se sabe.
Los Pirineos ya están aquí. Y además van a ser un visto y no visto, porque solo van a tener esta etapa en un diseño inusual de la carrera, que ha decidido incluir el Macizo Central, los Vosgos y rematar en los Alpes antes de la jornada final en París. Así que toca disfrutar de la primera gran jornada montañosa de este Tour, porque el fin de semana se presenta más bien plano. Veremos si la historia mantiene el guion de los últimos años o vivimos el inicio de un capítulo distinto.