Óscar y otras dos López
Pedro Sánchez ha condenado al PSOE a perder las elecciones municipales y autonómicas, a cambio de sobrevivir unos meses más al frente del Gobierno y, en la medida en que se acerca el 2027, empiezan los nervios entre los dirigentes socialistas locales.
Los privilegios con los que ha comprado el apoyo independentista, la ingobernabilidad del país y los casos de corrupción resumen los rotos por los que se están fugando miles de votos.
En el último Comité Federal, Sánchez dio la orden de poner a toda la organización en modo campaña electoral. Para eso, lo primero es elegir a los que encabezarán las listas autonómicas del PSOE, después al resto de los componentes de las listas. En cuanto al mensaje electoral, redundar en agitar el fantasma de Vox y apelar al izquierdismo como bandera.
En esta ocasión, los tenores serán otros, con José Luis Rodríguez Zapatero dañado políticamente para siempre, José Luis Ábalos y Santos Cerdán en prisión y María Jesús Montero escondida en algún punto de la geografía andaluza. Quedan en plantilla Óscar Puente, responsable del desastre en la gestión ferroviaria y de carreteras y Óscar López y Diana Morant, como candidatos en Madrid y Valencia, respectivamente. En el caso de Madrid, el domingo que viene se celebrará la votación tanto para la Comunidad como para el Ayuntamiento de la capital. El resto de los municipios tendrán que esperar a otoño para decidir quienes serán los candidatos a las alcaldías.
Pero las aguas del socialismo madrileño están revueltas y los militantes están dispuestos a aprovechar la primera ocasión para mostrar su malestar. El primer indicador es que han saltado a la palestra candidatos alternativos a López y a Reyes Maroto.
Silvia López Quivira, una desconocida en la política regional, ha cosechado más de 500 avales que, si bien no son suficientes para disputar unas elecciones primarias al ministro, pone de manifiesto que hay un serio rechazo a la candidatura oficial. En estos casos, el despliegue del aparato es total, los responsables locales se aseguran de llamar a los militantes para la recogida de firmas y anotan los que no estampan su firma porque es el indicio de que firmarán en alguna lista alternativa a la oficial.
Esa es la razón por la que, cuando se llega a la votación, el número de avales conseguidos por los candidatos respaldados por Ferraz no se traduce en el mismo número de votos, porque se vota en secreto.
La sorpresa vendrá, en esta ocasión, en la elección del candidato a la alcaldía. Maroto, que es la designada por Sánchez y la cúpula dirigente, ha tenido más que dificultades para conseguir una movilización de firmas a su favor. Sin embargo, Emma López ha logrado alcanzar el millar de avales, eso significa que hay partido y que sus posibilidades son, en términos objetivos, muy elevadas.
Hace cuatro años hubiera sido impensable una situación así, Sánchez ponía y quitaba candidatos a su antojo y tenía pleno dominio de la organización. Si López ganase las elecciones primarias, sería un punto de inflexión interno.
No es el único problema que tiene encima Sánchez. El asunto de Leire Díez ha arrastrado a Juan Manuel Serrano, el fiel capataz que ha tenido el líder socialista desde que decidió presentar su candidatura a secretario general.
A Serrano le ha acompañado la polémica en todas sus responsabilidades. En su periodo al frente de Correos, se puso la lupa en la situación económica de la empresa pública y se le responsabilizó de ella por determinadas decisiones en materia de contratos.
Ahora vuelve la sospecha, pero aliñada con su connivencia con Díez y unas supuestas mordidas que están siendo investigadas en sede judicial. Con Serrano imputado, ya no queda prácticamente nadie que haya sido del núcleo duro de Sánchez que no esté implicado en cuestiones turbias. Las consecuencias electorales se han empezado a notar, en la mayoría de los sondeos que se han publicado, se cuantifica la pérdida en cuatro puntos para el PSOE.
Cuando se genera un clima social muy nítido, como ocurre en este momento con la corrupción en torno a Sánchez, los militantes suelen absorber parte de la opinión de la sociedad, eso es combustible para López que, si sabe aprovecharlo en los días de campaña en que verá a la mayoría de militantes de la ciudad capitalina de Madrid, puede catapultarla.