"Omaha": en el nombre del padre, del hambre, del amor y de Estados Unidos
Cuando en noviembre del pasado año –los tiempos de las jornadas promocionales de cine a veces no entienden de fechas ni de espacios– nos reuníamos con el cineasta estadounidense Cole Webley en la intimidad de las oficinas de Avalon con la atenta y luminosa presencia del espíritu del Madrid de los Austrias colándose por la ventana en forma de rayo de sol ansioso, la América de Trump, esa que no solamente no ha vuelto a ser grande sino que cada vez parece más pequeña y excluyente, era prácticamente igual de hostil e irrespirable que ahora.
"Cómo iba a imaginar que algo como la empatía iba a estar tan amenazada en mi propio país"
Cole Webley
"La historia yo creo que resuena inevitablemente en el ahora porque las cosas que sentíamos o por las que luchábamos en 2008, aunque eran mayoritariamente económicas, siguen pesando mucho todavía, existen en diferentes formas y especialmente en los Estados Unidos. La verdad es que nunca pensé que estaba haciendo una película conscientemente política porque cómo iba a imaginar que algo como la empatía iba a estar tan amenazada en mi propio país. Pero todo lo que está ocurriendo con la inmigración... es imposible taparse los ojos. A poco que seas una persona empática, te sumerges en una pesadilla", introducía en entrevista con este periódico el director de "Omaha" sobre la idoneidad del año en el que está ambientado su último trabajo: el año en el que explotó la mayor crisis financiera internacional desde la Gran Depresión.
En este fino, durísimo y poético debut capitaneado interpretativamente por John Magaro (cómodo en su adoptado papel de brújula de la deconstrucción masculina como ya demostró en el "First Cow" de Kelly Reichardt o poniéndose en la piel del marido comprensible de "Vidas pasadas") hay un hombre que sufre sin hacer ruido y unos hijos pequeños que aprenden a descifrar el origen de su dolor callado. También el de un mundo lleno de torpedeos, escollos e injusticia social que empieza a abrirse para ellos al tiempo que parece cerrarse para su padre. "La primera sensación que me invadió cuando leí el guion fue la de que no hay muchas películas contadas desde la perspectiva del padre que tiene que salir adelante con los hijos, ¿no? A raíz de ahí empezaron a surgir las preguntas y las ideas. ¿Cuál es el propósito de ser padre hoy día? ¿Qué cosas hemos aprendido de nuestros padres que nos permiten ser mejores progenitores?. Me encantaba la idea de mostrar a un padre que podía llegar al punto de pedir ayuda", señala Webley sobre la construcción de una paternidad nómada, adaptada obligatoriamente a la trayectoria de unos vientos desfavorables y estructurada alrededor de la ausencia de estereotipos en la que este hombre soltero, derrotado (al que encarna Magaro) y desahuciado –emocional y materialmente– se lanza a la carretera con sus dos hijos huyendo de una pobreza que le ahoga –a él y al país de las falsas y edulcoradas oportunidades propias del relato fundacional– rumbo al pueblo de Nebraska que da título a la cinta.
"Me encantaba la idea de mostrar a un padre que podía llegar al punto de pedir ayuda"
Cole Webley
Cuando la cámara se baja a la altura de Ella, la hija observadora, lista, prudente, sensible, con los ojos abiertísimos capturando la vida que viene, para narrar desde su mirada todo ese proceso de maduración anticipada que les está tocando vivir tanto a su hermano como a ella, la propuesta de Webley adquiere una emocionante dimensión afectiva y paternofilial que dialoga de forma pausada pero significativa con el "Aftersun" de Charlotte Wells, aunque el sobrecogedor componente político de la realidad en la que se inspira termine coloreando la trama casi por completo.
Y es que Webley es consciente de que la Ley de Refugio Seguro (conocida como Safe Haven Law) de Nebraska de 2008, que fue diseñada originalmente para evitar el infanticidio permitiendo a los padres entregar a sus recién nacidos al Estado sin enfrentarse después a cargos penales, propició una serie de casos estremecedores pero también inspiradores, sobre todo teniendo en cuenta que el primer texto redactado de una ley que más tarde terminó modificándose, no incluía un límite de edad, lo que provocó que decenas de padres abandonaran a niños mayores y adolescentes. "Ojalá mi arte pueda formar parte en algún momento de una pequeña mejora en las sociedades dentro de las posibilidades que creo que sigue teniendo la cultura todavía, aunque sin ser ni actuar como un militante político. Simplemente desde el lugar que ocupa una persona que crea y se interesa por la humanidad, por las personas", se despide mientras el rayo de sol que disparaba la mitad de su rostro al inicio del encuentro va terminando de estrecharse. Casi tanto o más que las costuras del territorio norteamericano.