El veraneo
Hay dos tipos de veraneo. El de los países que llegan a julio preguntándose cómo pagar la sombrilla y el de España, que este año se presenta en la playa con una estrella más en el pecho y una tranquilidad casi ofensiva. Porque sí, hemos ganado el Mundial. Y eso cambia hasta la forma de pedir una caña. El verano español siempre ha tenido una liturgia inquebrantable: madrugar para coger sitio en la playa aunque luego uno se quede dormido bajo la sombrilla, discutir sobre si el gazpacho lleva pepino, y criticar al vecino por poner el reguetón a un volumen compatible con las comunicaciones de la NASA. Pero ahora todo eso se hace con una serenidad inédita. Como quien ya ha desbloqueado el nivel final del videojuego y juega las pantallas extra por puro entretenimiento.
Las conversaciones también han evolucionado. Antes eran: "A ver si este año hacemos algo en el Mundial". Ahora son directamente clases magistrales de táctica impartidas por el cuñado que hace dos semanas confundía un fuera de juego con una cláusula hipotecaria. Cada terraza es un plató de televisión y cada ronda de cervezas termina con alguien explicando por qué el seleccionador siempre tuvo un plan, aunque pidiera su dimisión en octavos... de su imaginación. Lo mejor es la paz interior. Esa sensación de mirar al resto de turistas europeos con una mezcla de simpatía y condescendencia. Ellos vienen buscando sol; nosotros, además, traemos una Copa del Mundo recién abrillantada. No hace falta presumir. Basta con existir. El campeón nunca necesita levantar la voz.
Bueno... salvo cuando el camarero tarda veinte minutos en traer las bravas. Así empieza el veraneo: con crema solar, chanclas, arena hasta en el DNI y la peligrosa convicción de que todo va a salir bien. Total, si hemos sido capaces de conquistar el planeta futbolístico, sobrevivir a la operación salida, encontrar aparcamiento en la costa o lograr que toda la familia se ponga de acuerdo para comer antes de las tres ya parece un reto perfectamente asumible. Porque el verano pasa, el moreno se va, pero ser campeones del mundo… eso da conversación hasta Navidad.