Javier Barcala, piloto de caza: "Una hora y media de entrenamiento cuesta unos 30.000 euros. Hay que aprovecharlo al máximo"
Volar un caza de combate no es solo ponerse un casco, despegar y realizar maniobras imposibles. Detrás de cada vuelo hay una enorme inversión económica, muchas horas de preparación y una responsabilidad que obliga a aprovechar cada segundo.
Así lo ha explicado Javier Barcala, piloto de caza, durante su participación en el podcast La Escalera Roja, donde ha detallado cuánto puede costar una misión de entrenamiento y por qué cada minuto de vuelo cuenta.
"En una hora de entrenamiento es verdad que entra mucho en juego: el mantenimiento, el combustible, el personal...", explica. Según sus cálculos, cuando se suman todos estos costes, una hora y media de entrenamiento puede rondar los 30.000 euros. Aunque reconoce que no puede dar una cifra exacta, apunta que podría ser mayor: "Probablemente lo doble".
En el caso del Eurofighter o del F-18, añade, el consumo de combustible es uno de los factores más importantes. "Normalmente suele cargar unos 5.000 kilos", revela el piloto, que recuerda que también hay que tener en cuenta tanto el mantenimiento programado como el no programado.
"No hay ni un minuto que perder"
Ese elevado coste hace que cada vuelo tenga unos objetivos muy concretos. Por eso, Barcala asegura que, una vez despegan, no hay margen para perder tiempo.
"Es una hora y media que hay que aprovechar mucho porque tiene mucha responsabilidad. No hay ni un minuto que perder porque el combustible es el que hay. Tienes que cumplir los objetivos del entrenamiento para que todo esto valga la pena y mantenerse entrenado", afirma.
Además, insiste en que los simuladores, por avanzados que sean, todavía no pueden sustituir la experiencia de un vuelo real. "Hay que volar porque no hay ningún entrenamiento que pueda sustituir al vuelo", asegura.
Así entrenan los pilotos de caza
Barcala explica que el entrenamiento de los pilotos se divide en dos grandes áreas principalmente: el combate aire-aire y el combate aire-suelo.
El primero consiste en "ganar o defender la superioridad aérea", ya sea eliminando aviones enemigos o protegiendo una zona para impedir su entrada. Sin embargo, asegura que la realidad está muy alejada de películas como Top Gun. "Nadie quiere llegar al combate visual porque pierdes la ventaja de detectar al enemigo con el radar antes de que él te vea y poder disparar primero", afirma.
De hecho, explica que un piloto puede participar en una misión con muchos aviones sin llegar a verlos. "Puedes tener quince aviones en un área y haber visto solo a los dos que vuelan contigo".
El entrenamiento aire-suelo, por su parte, consiste en emplear armamento normalmente guiado para batir objetivos terrestres o marítimos. En la mayoría de las prácticas, puntualiza, no se llega a disparar misiles, sino que el propio avión tiene simuladores que validan el disparo y calculan si el objetivo habría sido alcanzado.
Aun así, Barcala explica que hay campañas de armamento real, tanto en zonas como el golfo de Cádiz o Canarias, "donde hay drones a los que se dispara con misiles reales" porque es imprescindible conocer detalles como el ruido que hace o el humo que deja. Estas prácticas también se llevan a cabo en el extranjero en la base aérea de Nellis en Nevada (Estados Unidos), donde realizan lanzamientos de misiles y bombas reales.