Los Bolsonaro vuelven a luchar por la Presidencia de Brasil
El senador Flávio Bolsonaro, a quien su padre llama pragmáticamente "01" por ser el primogénito, presentó este sábado su candidatura a la Presidencia de Brasil con el objetivo de transformarse en la baza de la derecha y salvar al clan familiar del ostracismo político.
Abogado de 45 años e hijo mayor del expresidente ultraderechista que gobernó entre 2019 y 2022, Flávio es considerado el perfil más moderado y menos conflictivo dentro de una familia caracterizada por desafiar abiertamente los cánones de la comunicación política.
Con el exmandatario cumpliendo una condena de 27 años de prisión por intento de golpe de Estado, las teorías acerca de quién sería el heredero al trono comenzaron a pulular, con los nombres de sus tres hijos mayores sobre la mesa: Flávio, Carlos y Eduardo.
Finalmente, Flávio fue ungido desde la celda por su propio padre como su heredero político el pasado 25 de diciembre.
Su nominación no ha estado exenta de fricciones tanto políticas como familiares, estas últimas marcadas por cruces públicos con su madrastra, Michelle Bolsonaro, quien también abriga ambiciones políticas.
Una de sus promesas de campaña es indultar a su padre —con el cual ya dijo que espera "subir la rampa" del Palacio de Planalto para recibir la banda presidencial, si gana las elecciones— y a su hermano Eduardo, autoexiliado en Estados Unidos desde inicios de 2025 y condenado este año por la Corte Suprema.
Flávio, con una discreta trayectoria parlamentariay un discurso pensado para unificar al conservadurismo, se posiciona como máximo rival del actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, el dirigente progresista más relevante de la historia de Brasil, que buscará su cuarto mandato no consecutivo y hoy lidera los sondeos.
Ascenso, votos y sombras judiciales
Fruto del primer matrimonio de Bolsonaro, inició su carrera política en 2003 como diputado regional en Río de Janeiro, experiencia que precedió a su salto al Senado en los comicios de 2018, con 4,3 millones de votos, una cifra contundente impulsada por el auge del bolsonarismo, el movimiento impulsado por su padre.
Desde temprano su trayectoria se ha visto ensombrecida por investigaciones por lavado de dinero, denuncias por un supuesto esquema de empleados fantasma y compras inmobiliarias en efectivo, procesos todos archivados.
Desde el anuncio de su candidatura en diciembre pasado, su apoyo en las encuestas iba aumentando e incluso llegó a superar a Lula.
Sin embargo, esta encontró su límite en los últimos meses luego de que el medio 'Intercept Brasil' divulgara unos mensajes suyos con Daniel Vorcaro, un banquero encarcelado por un fraude millonario.
Aquellas conversaciones que, según aclaró públicamente el senador, tenían el objetivo de captar patrocinadores para la película autobiográfica de su padre, le costaron un freno en los sondeos.
A lo Bukele
En este nuevo capítulo de su carrera, Flávio va detrás del votante duro con un discurso enfocado en la seguridad y la lucha frontal contra el crimen organizado.
Su propuesta estrella es un plan de 12 medidas, bautizado como “Brasil sin Miedo”, que abarca desde la construcción de cinco cárceles de máxima seguridad inspiradas en el modelo del presidente Nayib Bukele en El Salvador, militares en la frontera, la castración química para violadores y la reducción de la mayoría de edad penal.
Flávio también ha volcado su discurso en captar el voto femenino, uno de los principales mercados electorales de Lula.
Recientemente, el candidato anunció que implementará el plan “Brasil por Ellas”, que entre sus puntos principales tiene la creación de la asistente virtual 'MarIA', una inteligencia artificial concebida como una "amiga virtual" que guía a las usuarias en situaciones cotidianas y de emergencia, desde la denuncia de agresiones hasta la gestión de citas médicas o vacantes escolares.
Entre sus desafíos a corto plazo, el hijo mayor de Bolsonaro deberá también intentar captar los votos de todo el arco de derechas, que va desde los conservadores tradicionales que no gustan del radicalismo bolsonarista, hasta la ultraderecha autoritaria que todavía tiene como gran líder a Jair Bolsonaro.
Y la más antisistema, que quiere aprovechar lo que considera una acefalía partidista.