Horizonte turbulento e incierto entre España y Marruecos en el otoño del sanchismo
El discurso oficial difundido desde el Gobierno de España habla de una etapa “histórica” e “inédita” en las relaciones con Marruecos. Nunca antes, según el Ejecutivo, los vínculos con Rabat habían sido tan prósperos, fluidos y beneficiosos para los intereses nacionales. Sin embargo, un análisis pormenorizado del balance de las flamantes hojas de ruta pactadas con Marruecos en estos cuatro años transcurridos desde la normalización de relaciones con Rabat -ello costó a España abandonar su tradicional neutralidad en el conflicto del Sáhara- y el horizonte a medio plazo auguran un aumento de la tensión e interrogantes para nuestro país en el flanco sur.
Sin duda, la ausencia de fricciones públicas con Marruecos ha sido la mejor de las noticias para los distintos gobiernos de coalición liderados por Pedro Sánchez desde que materializara su apoyo -en aquella carta dirigida al rey Mohamed VI envuelta aún en tantos misterios- a la propuesta marroquí de autonomía para el antiguo Sáhara Español. Motivo de celebración ha sido no repetir episodios como los de la frontera de Ceuta de mayo de 2021, cuando la inhibición de las fuerzas de seguridad fronterizas de Marruecos -Rabat había enfurecido por la hospitalización secreta en Logroño del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali- permitió la entrada irregular en territorio español de entre 8.000 y 10.000 jóvenes en dos días.
Lo cierto es que, al margen de la buena relación institucional entre los dos países pocos son los logros concretos de que puede presumir el Gobierno en el balance de sus relaciones con Marruecos en estos años. Las aduanas comerciales de Ceuta y Melilla, la gran promesa del Gobierno en la hoja de ruta pactada con Rabat tras la normalización y piedra de toque de la nueva etapa, siguen sin funcionar: aunque la realidad es que nunca pasaron del mero simulacro, la celebración de la Operación Paso del Estrecho de este verano ha servido a Marruecos de excusa -como el año pasado- para una nueva clausura oficial. La falta de interés de las autoridades vecinas ha bloqueado las negociaciones en torno a la delimitación de los espacios marítimos en la fachada atlántica. Las fronteras de Ceuta, sobre todo, y Melilla vuelven a registrar un repunte migratorio. La crisis con Argelia costó durante más de dos años pérdidas valoradas en más de 3.200 millones de euros en exportaciones perdidas como consecuencia del veto del régimen militar a nuestras empresas.
A costa de evitar siempre importunar en público o en privado a Marruecos, lo cierto es que España no ha sabido construir y mucho menos explicar un posicionamiento sólido, coherente y argumentado al respecto de las relaciones con Marruecos y el resto de vecinos del Magreb. No en vano, una y otra vez, y a pesar de la exigencia de sus propios socios parlamentarios y de la oposición, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha venido escamoteando a la opinión pública una explicación sobre las razones estratégicas de su apoyo a Marruecos en una cuestión clave como la del Sáhara. La decisión -que no fue consultada más allá de Moncloa y Rabat- costó más de tres años de crisis diplomática con Argelia, sólo superada en los últimos meses. Desde entonces la sensación es que España camina siempre al ritmo, a merced, al albur de las autoridades de Marruecos.
“La normalidad es aparente. Marruecos sigue con su presión, utilizando diversas herramientas, como la de la presión migratoria irregular. Marruecos tiene siempre la batuta. Y España ha estado siempre a verlas venir, limitándose a reaccionar”, asegura a LA RAZÓN el presidente del Observatorio de Ceuta y Melilla Carlos Echeverría. “Las relaciones no van bien en absoluto, a diferencia de lo que se nos quiere hacer creer desde el Gobierno e incluso muchos se pueden autoconvencer viendo que no hay grandes estridencias. La reivindicación territorial marroquí se mantiene y el uso de herramientas híbridas también. La presión migratoria en Ceuta es más que preocupante”, concluye el profesor de Relaciones Internacionales de la UNED.
El fracaso de las aduanas de Ceuta y Melilla
El mayor de los fracasos, no sólo por la importancia económica para las dos ciudades autónomas del veto comercial, sino por la evidencia de la impotencia del Gobierno español, es el del bloqueo infinito de las aduanas comerciales de Ceuta y Melilla. Anunciadas por el Ejecutivo en la cumbre bilateral de Rabat del 9 de abril de 2022 y concebidas para estimular la maltrecha economía de las urbes tras los años de cierre de la frontera por motivos sanitarios, las administraciones y patronales locales no han podido sino constatar su impotencia. En el caso de Ceuta se trataba de crear una aduana de nuevo cuño, pero en el de Melilla, de recuperar una infraestructura que venía funcionando desde tiempos de Isabel II hasta su cierre unilateral por parte de Marruecos hace casi ocho años.
“No nos sorprende ya nada”, admite a LA RAZÓN el presidente de la Confederación de Empresarios de Melilla (CEME), Enrique Alcoba. “La aduana comercial lleva cerrada desde agosto del 2018. Lo que se abrió en enero de 2025 fue un apaño, lo que quiere Marruecos y lo que permite España, que no defiende los intereses de Ceuta y Melilla”. “Todos sabemos la situación que tiene el Gobierno y sinceramente desde la CEME poco más esperamos de él porque ha demostrado ser en los últimos años totalmente nulo, tanto en el tema de la aduana comercial como en el del transporte, el régimen de viajeros, la bonificación de la Seguridad Social o el del transporte de mercancías”, admite el empresario melillense.
No mucho más avance -por no decir ninguno- se ha producido en la cuestión de la delimitación de los espacios marítimos en la fachada atlántica desde la hoja de ruta firmada en 2022, y el asunto es explosivo: Marruecos aprobó unilateralmente en 2019 dos leyes que delimitan sus fronteras marítimas apropiándose de aguas del Sáhara Occidental, límites que amenazan con solaparse con los de Canarias. Rabat reclama aguas de Lanzarote, Fuerteventura y parte de Gran Canaria, justo donde está el monte Tropic, rico en telurio y cobalto, minerales estratégicos. Lo que hay que negociar es el criterio de reparto: España defiende la línea media/equidistancia, mientras Marruecos invoca el “principio de equidad”.
“La realidad es que no ha habido ningún movimiento reciente al respecto y la hoja de ruta de la última Reunión de Alto Nivel hispano-marroquí sigue sin cumplirse por falta de impulso de Marruecos y cierto desinterés del Gobierno, que tiene problemas más acuciantes”, recuerda a LA RAZÓN el magistrado y consultor internacional Ángel Llorente. “Mi propuesta es negociar un acuerdo que establezca formalmente la mediana como límite provisional en la fachada atlántica, que es lo que se aplica en la práctica y lo que establece el derecho internacional, hasta que se logre un acuerdo, a cambio de aceptar un control conjunto del espacio aéreo del Sáhara Occidental, a pesar de que no es fácil porque Marruecos no es potencia administradora del SO, según el derecho internacional y el tráfico aéreo está regulado por Naciones Unidas”, defiende el que fuera magistrado de enlace con Marruecos desde enero de 2005 hasta octubre de 2010.
Repunte migratorio
Mientras las llegadas irregulares a España han caído globalmente, Ceuta vive justo lo contrario. Entre el 1 de enero y el 15 de julio de este año, España recibió 14.479 migrantes de forma irregular, un 24,7% menos que en 2025, pero las entradas terrestres a Ceuta se dispararon un 149%. En el conjunto de Ceuta y Melilla por vía terrestre, la cifra conjunta llegó a 2.991 personas. El repunte no solo no ha frenado, sino que se ha acelerado con el buen tiempo: entre el 1 y el 15 de julio entraron 244 personas de forma irregular, por encima de la media quincenal de 215 registrada durante todo el primer semestre, y muy por encima de las 155 del mismo tramo de julio de 2025.
Por otra parte, Portugal y Marruecos están retomando el proyecto de una interconexión eléctrica directa entre ambos países, posiblemente mediante un cable submarino y buscan para ello el respaldo financiero de la UE. También hay un proyecto de cable submarino entre Francia y Marruecos que conectaría directamente el norte marroquí con la costa francesa, saltándose la red española con el mismo objetivo de reducir la dependencia del nodo español como paso obligado de la electricidad africana hacia Europa.
A pesar, en fin, de la atmósfera festiva en torno a la celebración de un Mundial de fútbol, el de 2030, que reunirá a España, Marruecos y Portugal y actuará de manera previsible como amortiguador ante eventuales crisis diplomáticas, a nadie se le escapa ya a ambos lados del Estrecho que la celebración de la final -Rabat aspira a poder albergarla en el nuevo estadio Hassan II- pondrá a prueba la capacidad de una influencia de ambos países en el seno de la FIFA. Todo ello coincidirá con una nueva legislatura que puede ser la del cambio de gobierno en La Moncloa. La salida de Sánchez y la formación de un eventual ejecutivo con PP y Voz inquieta en Rabat, que seguirá marcando territorio dando señales. “Ante la posibilidad de que pueda haber un cambio de rumbo, Marruecos prepara ya el terreno para que quien venga después sepa cuáles son las reglas del juego”, avisa Carlos Echeverría. “España tiene que tener la idea clara de la defensa de sus intereses y transmitir un mensaje de exigencia de rigor: la vecindad debe ser mutuamente respetuosa”, concluye el presidente del Observatorio de Ceuta y Melilla.