Ni turistas ni visitantes: las seis islas de España donde no se puede entrar
España alberga varias islas cuyo acceso está restringido al público por razones de seguridad, protección medioambiental o cuestiones de soberanía. Aunque algunas de ellas pueden contemplarse desde la costa o durante rutas marítimas, el desembarco está expresamente prohibido.
Uno de los ejemplos más llamativos es la Isla de Alborán, ubicada entre España y África. Se trata de un antiguo volcán de superficie prácticamente plana, sin vegetación y sometido a fuertes vientos y condiciones meteorológicas exigentes. En este enclave únicamente permanece un destacamento de la Armada, cuya misión principal es la vigilancia del Estrecho.
En el norte de España se encuentra la Isla de los Faisanes, situada en el río Bidasoa. Su singularidad radica en que cambia de soberanía entre España y Francia cada seis meses. A pesar de su cercanía a la localidad de Irún, el acceso está restringido porque allí se desarrolla el histórico acto de traspaso de jurisdicción entre ambos países.
Seguridad, protección ambiental y soberanía
Otro de los lugares donde está prohibido desembarcar es la Isla Perejil, un islote deshabitado cuya situación quedó marcada por el conflicto diplomático de 2002. Desde entonces, tanto España como Marruecos mantienen el compromiso de no establecer presencia permanente en este territorio.
También tienen el acceso limitado las Islas Chafarinas, un archipiélago que combina funciones militares con un importante valor ecológico. Además de albergar una guarnición, estas islas constituyen un espacio protegido que sirve de refugio para la foca monje, por lo que únicamente pueden acceder personal autorizado e investigadores.
Dos islas más donde el desembarco está prohibido
La relación de enclaves con acceso restringido se completa con la Isla Grosa y la Isla de Alegranza. La primera está catalogada como Espacio Natural Protegido y ZEPA, lo que permite navegar por sus alrededores, pero prohíbe pisar tierra bajo riesgo de sanción.
Por su parte, la Isla de Alegranza, de propiedad privada e integrada en un parque natural, mantiene una estricta protección de su fauna, especialmente de las aves rapaces que habitan en ella. Esta circunstancia impide el desembarco para preservar el equilibrio del ecosistema.