Cosas que ocurren
«Hay muchas cosas (…) que ocurren y no necesariamente tiene que haber una responsabilidad». La frase que pronunció Fernando Grande-Marlaska en la comparecencia tras la reunión de ministros de Interior de la UE pudo haberse escapado por error. Pero su literalidad es todo un acierto. Resume como pocas la manera de desenvolverse del Gobierno al que el magistrado pertenece desde su primerísimo día. Hay que remontarse al «hacer de la necesidad virtud» de su jefe para encontrar un ejemplo igual de definitivo.
En efecto, los sucesivos ejecutivos presididos por Pedro Sánchez han ido afinando la técnica hasta alcanzar grados inimaginables de depuración. Se ha conseguido transmitir la idea de que jamás se producirá un suceso por el que quepa exigirles explicaciones. Ese lenguaje gestual con el que nos dicen «vamos, vamos, circulen, no hay nada que ver aquí». Quizá escuchemos algo parecido a «déjennos trabajar en polémicas estériles que alimenten las escaletas televisivas, por favor», verbalizado con ese mismo desparpajo, antes de que termine la legislatura.
Si coló en la pandemia, minimizada cuando el virus ya causaba estragos en un país cercano con el que intercambiábamos decenas de vuelos al día, ¿por qué no aplicar la misma receta con cada hecho que nos haga pensar en por qué nos dimos una estructura llamada «Gobierno»?
El presidente no tardó en convertir en cantinela la serie de hitos producidos durante sus mandatos. («Pandemia, volcán, guerra, apagón»). «Fijaos qué cosas nos depara la realidad mientras en Moncloa no paramos de fabricar relatos». Por eso no hay asunto, por desagradable que sea en origen, que no se preste a esta cocina de aprovechamiento. Bajar la cuota de poder autonómico hasta cotas inéditas en el PSOE se puede usar a favor echando la culpa de todo cuanto acontece a esos políticos inútiles que «ojalá nunca lleguen a gobernar España».
El caso de Ceuta era diferente. Para que un gobierno central se sacuda la responsabilidad de un control fronterizo hace falta una precisión de cirujano. Cualquier fallo puede ser letal. Así lo hemos visto: en el afán por cargarle la culpa a otro, el Ejecutivo se la ha terminado echando a sí mismo. No consta que los servicios de Inteligencia dependan de la oposición en vez de del Ministerio de Defensa. Todo lo que depende del Estado funciona a las mil maravillas salvo, qué cosas, sus servicios de espionaje frente al país extranjero que debería ser el primero de su lista de prioridades.
La salida a la palestra de Margarita Robles para dar la cara por «sus» agentes no pudo tener una puesta en escena más estudiada. De la petición de explicaciones a Marruecos a la presencia de las Ray-Ban. Esta vez, el marrón no se lo comen solidariamente entre todos.
Tras una crisis de tanta gravedad, Moncloa ha dejado que pasen los días sin aclarar cuál de estas dos versiones totalmente contrapuestas sobre el papel del CNI debemos quedarnos. Uno imaginaba el Consejo de Ministros como una estructura jerárquica con un presidente encargado, entre tantas otras cosas, de unificar un mensaje. Aunque fuera que no vieron el informe de los espías porque les entró en la carpeta de «no deseado». Los intentos de la portavoz han tenido resultados más bien discretos.
En otro momento de su alocución, Grande-Marlaska celebró la colaboración con Marruecos porque había «evitado una tragedia». Como si una sola de las muertes producidas en el mar no lo fuera. Si algún día existe un ministro de Vox en España que deje caer una frase así dejaría de haber textil para tanto rasgamiento de vestiduras.
Mientras tanto, el foco ya se ha desviado a la situación de los menores inmigrantes no acompañados por un adulto, que ahora van a ser redistribuidos por el resto del territorio español. Un marco que al PSOE le resulta mucho más cómodo porque permite incidir en el relato de los gobiernos de coalición PP-Vox y la supuesta dilución del primero en el segundo. «Crisis, what crisis?».
Marlaska tenía razón en la primera parte de su aserto. Las cosas ocurren. Y seguirán ocurriendo. Solo pedimos que, de vez en cuando, el Gobierno sea capaz de anticiparse a alguna de ellas.