Carlos Gimeno, adiós al podio en el último salto
En la competición de saltos de gran altura los deportistas se juegan la vida literalmente. Desde la plataforma lo que hay debajo es el abismo, por mucho que al fondo espere agua. Amortigua poco teniendo en cuenta que llegan a alcanzar 80 kilómetros por hora. Carlos Gimeno explica la clave: mente en blanco y concentración máxima en lo que se va a hacer. El grancanario es pionero de este deporte en España. El año pasado terminó frustrado después de perder en el último salto el título mundial, aunque ganó la plata. En el Europeo de París no tenía tanta ventaja, pero también llegó primero a ese vuelo final, que no terminó de clavar, lo que le llevó a ser cuarto.
En la plataforma montada sobre el río Sena, en el imponente puente de Bir-Hakeim, llamado así en honor a una de las batallas de la II Guerra Mundial, la distancia con el agua no era la habitual de 27 metros. Por seguridad, se bajó a 20, lo que en realidad era un problema añadido para los participantes, ya que lo tienen todo medido, cuándo girar, cuándo abrirse... Hacía falta un reajuste. Y hay que recordar: sean 27 metros o 20, cualquier error se puede pagar caro. De hecho, cuatro buzos están en la zona de «aterrizaje» para actuar rápido si pasa algo.
Carlos terminó segundo en la jornada del viernes. Quedaban los dos saltos del sábado y la distancia era pequeña. Cuentan los cuatro, no se puede fallar. En el primero de este día decisivo, el español optó por un doble mortal y medio atrás encogido con salida en equilibrio, y rozó la perfección, lo que le hizo subir al primer lugar y ser quien tenía que cerrar la competición.
El antepenúltimo era Catalin Petru, que apostó fuerte: cuádruple mortal atrás carpado, el salto de mayor dificultad de la final (5,2). Al rumano le salió bien, como demuestran los 9,5 que recibió. Incluso un 10, que no contó porque se quita la nota más alta y la más baja de los jueces. Su entrada al agua apenas salpicó, pero sí los golpes que dio después en ella, porque sabía que la había liado. Quedaba el italiano Andrea Barnaba, que mantuvo esa segunda posición. Carlos optó por un cuádruple mortal hacia atrás (4,9 de dificultad), que se le «ensució». Los 7,5 que recibió no fueron suficientes para llevarle al podio, pues también le superó el francés de origen británico Gary Hunt.