El régimen iraní admite temer por su supervivencia tras el anuncio de las sanciones estadounidenses
Una preocupación que las caras visibles del régimen no ocultan ya. Tras el anuncio del “día D económico” contra Teherán desde Washigton, el presidente del Parlamento iraní y líder de la delegación negociadora de su país, Mohammad Bagher Ghalibaf, admite que solo la fortaleza militar no bastará para garantizar la supervivencia de la República Islámica si la economía es incapaz de crecer y los iraníes pasan hambre.
Qalibaf anunciaba el inicio de un “plan” para tratar de afrontar las “crueles sanciones” estadounidenses y pedía a su pueblo estar “preparado” tras la amenaza de una guerra económica vertida por el presidente estadounidense, Donald Trump. “Si se observan los recursos y las materias primas de los países musulmanes, se darán cuenta de que nuestros enemigos vienen a saquearlos, por lo que debemos prepararnos para afrontar sanciones severas para poder superar esta situación”, afirmaba el presidente del Parlamento iraní durante su visita a Irak..
Consciente del creciente aislamiento del régimen instaba a las autoridades iraquíes a “cooperar” con Teherán. “Los intentos de los enemigos de dividir a Irán e Irak solo fortalecerán los lazos”, recalcaba el jefe de la delegación negociadora iraní antes de declarar que los dos países “no permitirán que potencias extranjeras determinen su futuro”. Además, añadía que Teherán y Bagdad “fueron dos naciones que negaron a convertirse en una nota al pie de página en las narrativas de otro.
Entretanto, la situación que vuelve a poner a Bagdad entre la espada y la pared semanas después de que el secretario del Tesoro de EE UU Scott Bessent, que advierte de la imposición de las “más duras sanciones de la historia” a Irán para hacer “colapsar” al régimen, instara en Washington al primer ministro iraquí Alí Al-Zaidi “reforzar la cooperación bilateral frente a la amenaza iraní”.
A pesar del triunfalismo de sus autoridades, que insisten en haber logrado una victoria incontestable contra EE UU e Israel -el mismo presidente iraní Masud Pezeshkian abogaba por poner fin definitivamente a la guerra-, el temor en estos momentos para la cúpula del régimen de los ayatolás es que el malestar social acabe cuajando en una nueva oleada de protestas que, a su vez, se vuelvan a convertir en una impugnación del sistema político nacido en 1979. Fue el cálculo fallido de Washington e Israel con el inicio de la ofensiva militar y después de que las autoridades iraníes se hubieran empleado con toda dureza para reprimir las movilizaciones, dejando un balance de miles de muertos y detenidos.
El precedente más inmediato es el de finales de 2025, cuando los comerciantes del Gran Bazar de Teherán comenzaron a movilizarse ante el deterioro imparable de su situación. En septiembre de 2025 se reimpusieron sanciones de la ONU tras el incumplimiento nuclear iraní y, antes, en febrero del año pasado,
Trump relanzado su campaña de “máxima presión” contra Irán, buscando cortarle todo acceso a ingresos y frenar su programa nuclear.
Pero llueve sobre mojado para un Estado y una sociedad -el deterioro de las economías de los hogares, con precios al alza, escasez de productos básicos incluidos medicamentos, ha sido imparable- que suma a su castigo el sufrido durante la contienda. La República Islámica lleva, de forma efectiva, casi seis meses bajo presión sobre sus exportaciones por Ormuz, con un bloqueo naval formal de EE UU que ha estado activo la mayor parte de ese periodo y que se ha reinstaurado tras el vencimiento del acuerdo temporal esta semana.
Sólo China -a finales de 2025 el gigante asiático era el destino de entre el 80 y el 90% de las exportaciones iraníes de petróleo- se ha manifestado públicamente en las últimas condenando contra la campaña económica anunciada por las autoridades estadounidenses. Ayer, desde el Ministerio de Exteriores chino se denunciaba “unas sanciones unilaterales ilegales que carecen de fundamento en el marco del Derecho Internacional”.
“EE UU sigue sin ofrecer incentivos a la República Islámica. La guerra no está modificando el comportamiento de Irán, por lo que Washington vuelve a recurrir a la presión económica. Esta estrategia reduce el margen de maniobra de los sectores iraníes favorables a la negociación y, al mismo tiempo, puede reforzar las dinámicas de militarización al reducir los recursos disponibles para mantener el poder”, reflexiona en LA RAZÓN el analista político hispano-iraní Daniel Bashandeh.
“Además, al no articular una coalición de Estados que ejerza presión sobre Teherán, EEUU corre el riesgo de repetir el mismo error: actuar unilateralmente limita su capacidad de coerción. La clave sigue siendo diseñar incentivos que hagan que la cooperación resulte más beneficiosa para la otra parte que la confrontación. De momento, eso no está ocurriendo”, concluye a este medio el especialista en el país de Asia Central.