El regreso de los vikingos
“Ha de ser traslúcida la alborada en Islandia”, supone Julio Cortázar un día de 1976 en Nairobi –poema “Ándele”, integrado en “Salvo el crepúsculo”–, y por medio de tal pasajera presunción aludimos al viejo enigma que representa esa isla próxima al polo y cuyo sol de medianoche, activo durante varios meses al año, sume a la vida en una vigilia constante. El misterio de Islandia es antiguo y épico, desconcertante y magnético: procede de los vikingos que, como representaron Uderzo y Goscinny en la aventura de Asterix “La gran travesía” (1975), tal vez fueron los primeros en cruzar el Atlántico y pisar las tierras de los indios, y llega hasta el día de hoy, pese a haber salido el país de su aislamiento e incomunicación. Precisamente a causa de la lejanía, del escaso contacto con el exterior, el idioma islandés se ha mantenido inalterable durante siglos: ese latín del norte apenas ha cambiado en ochocientos años, así que el lenguaje usado por el historiador Snorri Stúrluson (1179-1241) en su “Edda Menor” es similar al de Steinn Steinarr (1908-1958), el iniciador de la poesía lírica e existencialista en Islandia. Invención y realismo se dan la mano en una tradición literaria asentada en la oralidad y unos mitos que aún sobreviven en forma de dioses paganos.
“Islandia ha enriquecido la literatura mundial con dos aportaciones principales, de una parte las sagas, historias antiguas de héroes en las que la realidad se mezcla con la ficción, y de otra la mitología escandinava, ya que no en vano fueron poetas islandeses quienes primero las pusieron por escrito”, afirma Aitor Yraola en su edición de “La base atómica”, la novela del premio Nobel islandés Halldór Laxness. Estamos ante una tradición cultural, la de carácter escandinavo confluyendo con el anglosajón antiguo, que atrajo poderosamente a un autor tan erudito como[[LINK:TAG|||tag|||633619465c059a26e23f80e7||| Jorge Luis Borges]], que de niño descubrió la “Saga de Volsung”, abriéndose para él uno de los motivos literarios que más explotaría en toda su literatura.
En fin, toda esta fascinación literaria por Islandia se ve reflejada de continuo por la actualidad editorial, muy en especial por la editorial Nórdica, que publicó "Atlas novelado de los volcanes de Islandia”, de Leonardo Piccione, un gran libro ilustrado que, partiendo del hecho de que el país tiene treinta sistemas volcánicos activos diferentes, abordaba casi cincuenta historias vinculadas a las aventuras de los primeros colonizadores de la isla hasta las misiones de la[[LINK:TAG|||tag|||6322f7351e757a32c790b56d||| NASA ]]en los cañones «lunares» de las tierras altas.
El vikingo negro
A ello se sumó otro título igualmente llamativo, “En busca del vikingo negro”, de Bergsveinn Birgisson, con el que el lector podía viajar hasta Rogaland (Noruega), cuando en el año 846 nace Geirmundur Hjörsson, Piel Negra, el llamado vikingo Negro, apodo que procedía de su piel oscura y rasgos faciales mongoles. Un personaje este por completo olvidado, que no ha merecido aparecer en saga alguna pero que llegó a tener una gran influencia en su época.“ Geirmundur representa el comienzo de la nación islandesa, afirma Birgisson. “El comienzo de una nación que recogió recuerdos de los primeros que se establecieron en el país, una nación que ordenó fragmentos y los puso por escrito, lo que explica la paradoja de que sepamos más sobre muchos de los primeros personajes de la historia de Islandia que de quienes están más cerca de nosotros en el tiempo.”
En toda esta línea se sitúa “El martillo de los dioses” (traducción de Gonzalo García), de Don Hollway, que nos lleva a uno de los momentos más decisivos de la historia anglosajona: el regreso de las grandes incursiones vikingas a Inglaterra a finales del siglo X. A partir del ataque de una poderosa flota escandinava a las costas del sureste inglés en el año 991, el autor reconstruye el contexto político y militar de la época y presenta el acontecimiento como el inicio de una nueva etapa de enfrentamientos entre ingleses y vikingos.
Lo que en un principio parece la narración de un episodio bélico termina convirtiéndose en la introducción a la figura de Olaf Tryggvason, uno de los personajes más célebres y enigmáticos del mundo nórdico medieval. El relato comienza recordando que, tras la expulsión de los últimos gobernantes vikingos de York varias décadas antes, los ingleses creían haber dejado atrás la amenaza escandinava. Aunque durante los años precedentes se habían producido pequeños saqueos en distintos puntos de la costa, estos eran considerados simples actos de piratería y no campañas de conquista como las protagonizadas por el Gran Ejército Pagano en el siglo IX. Sin embargo, la expedición de 991 rompe esa aparente tranquilidad. El desembarco de una numerosa flota en Kent y su avance por diferentes enclaves comerciales de Inglaterra anuncian el regreso de un enemigo mucho más poderoso y organizado.
El autor reconstruye el recorrido de la expedición vikinga. La narración sigue paso a paso el itinerario de los invasores por Folkestone, Sandwich, Ipswich y finalmente Maldon, describiendo con detalle las características geográficas, económicas y defensivas de cada uno de estos lugares, todo lo cual hace ver por qué los vikingos seleccionaban determinados objetivos: buscaban puertos comerciales, monasterios ricos y ciudades donde pudieran obtener botín y abastecer sus barcos antes de retirarse. La geografía deja de ser un simple escenario para convertirse en un elemento esencial de la estrategia militar.
Especial importancia adquiere la batalla de Maldon, considerada uno de los enfrentamientos más emblemáticos entre anglosajones y vikingos. El autor presenta la figura de Byrhtnoth, gobernador de Essex, quien reúne apresuradamente a la milicia local para intentar detener a los invasores. Sin embargo, su verdadero objetivo es presentar al líder de la expedición: Olaf Tryggvason; ¿quién era ese exiliado noruego capaz de reunir una flota tan numerosa y amenazar nuevamente el reino de Inglaterra?
Hollway explica cuáles son las principales fuentes utilizadas para reconstruir la biografía de Tryggvason, prestando especial atención a las sagas islandesas y noruegas redactadas entre los siglos XII y XIV. No se presentan las sagas como testimonios completamente fiables, sino que en el libro se reconoce abiertamente que muchas de ellas fueron escritas siglos después de los hechos narrados y que mezclan acontecimientos históricos con elementos fantásticos, milagros, profecías y tradiciones orales. En verdad, comprender el mundo vikingo exige aceptar que sus protagonistas creían realmente en dioses, magia y presagios, y que esas creencias condicionaban sus decisiones políticas y militares. Ignorar estos aspectos supondría empobrecer la comprensión del pasado. Por ello, propone una aproximación equilibrada en la que el análisis histórico convive con el respeto hacia la tradición narrativa transmitida por las sagas.
“El martillo de los dioses” no pretende contar la vida de Olaf Tryggvason siguiendo una única fuente, sino de elaborar una síntesis crítica que compare las diferentes versiones conservadas, incorpore los avances de la investigación histórica moderna y complete aquellos aspectos que las fuentes medievales apenas desarrollan, como el comercio de esclavos, las técnicas de combate, el enfrentamiento entre paganismo y cristianismo o el contexto político de la Europa del Norte. El investigador se apoya continuamente en datos históricos y referencias documentales, pero mantiene el ritmo de una novela de aventuras, y a la vez, evita caer en una idealización romántica del mundo vikingo, al recordar constantemente la violencia, el saqueo y la brutalidad que caracterizaron aquellas expediciones.