La excavación que exigió 22.413 inmersiones: arqueólogos recuperan 10 toneladas de cobre y una de estaño de un pecio de la Edad del Bronce
Todo comenzó en 1982, cuando un joven buceador turco que buscaba esponjas frente al cabo Uluburun, cerca de Kaş, encontró unos objetos metálicos de forma peculiar. Su capitán los identificó como lingotes de cobre en forma de piel de buey, característicos de la Edad del Bronce. El buceador los describió como “galletas de metal con orejas”, por las cuatro asas que sobresalían de cada pieza.
La noticia llegó a George Bass, fundador del Institute of Nautical Archaeology (INA), que ya había excavado un naufragio similar quince años antes. Un estudio preliminar confirmó la presencia de cerámica y lingotes, y permitió fechar el yacimiento a finales del siglo XIV a. C..
Entre 1984 y 1994, arqueólogos estadounidenses y turcos llevaron a cabo once campañas consecutivas, cada una de tres a cuatro meses. En total realizaron 22.413 inmersiones en un único punto del Mediterráneo, a profundidades de entre 44 y 52 metros, con restos dispersos hasta los 61 metros.
Cada buzo disponía de apenas 20 minutos por inmersión, con un máximo de dos descensos diarios. El margen de error era mínimo: cualquier paso en falso podía hacer caer objetos de más de tres mil años por una ladera rocosa extremadamente inestable. Para recuperar los lingotes más frágiles, debilitados por siglos de inmersión, fue necesario inyectar adhesivos especiales antes de extraerlos, ya que se desintegraban al contacto con el aire.
Diez toneladas de cobre y una de estaño: un cargamento sin precedentes
Science Post realata como la excavación permitió recuperar 354 lingotes de cobre, con un peso total de 10 toneladas, además de una tonelada de lingotes de estaño. La proporción —diez partes de cobre por una de estaño— coincide exactamente con la mezcla necesaria para producir bronce de alta calidad, la aleación estratégica de toda la Edad del Bronce.
Según estimaciones basadas en la composición del bronce micénico, las 11 toneladas de metal recuperadas habrían bastado para equipar a unos 5.000 soldados. Un solo barco transportaba, por tanto, el equivalente a un arsenal completo, una prueba contundente de la intensidad del comercio mediterráneo de la época.
El cobre procedía de Chipre, algo ya confirmado por análisis isotópicos de plomo. El estaño, en cambio, fue un misterio durante décadas. Un estudio publicado en 2022 comparó su composición química con todas las fuentes conocidas y reveló que el 65 % procedía de los yacimientos de Kestel (Turquía), mientras que el resto había viajado miles de kilómetros desde Asia Central, lo que demuestra la existencia de rutas comerciales de enorme alcance en el segundo milenio antes de nuestra era.
Un tesoro que va más allá del metal
Además del cargamento metálico, los buzos recuperaron frascos de resina de terebinto, lingotes de vidrio azul cobalto —algunos de los más antiguos jamás documentados—, marfil de elefante, dientes de hipopótamo y un escarabajo con el nombre de Nefertiti, que ayudó a precisar la datación del naufragio. Estos objetos, mencionados en textos como las Cartas de Amarna, permitieron comparar el cargamento con las listas de regalos diplomáticos intercambiados entre los gobernantes del Mediterráneo oriental, reforzando la idea de una red comercial sofisticada y altamente conectada.
El pecio de Uluburun no solo destaca por su volumen, sino por su capacidad para redefinir la comprensión del comercio en la Edad del Bronce. Muchos de los bienes recuperados solo se conocían por textos o pinturas egipcias; nunca se habían encontrado juntos en un único envío.
El barco, construido con madera de cedro libanés y ensamblado mediante mortaja y espiga, es uno de los navíos transoceánicos más antiguos estudiados en detalle. Su reconstrucción a tamaño real puede verse hoy en el Museo de Arqueología Subacuática de Bodrum, donde se exhibe la carga completa.
Casi cuarenta años después, la investigación continúa
Los análisis sobre el origen de los metales, la composición del vidrio y las técnicas de construcción naval siguen publicándose. El pecio de Uluburun continúa siendo un referente para quienes estudian el comercio antiguo, la navegación y la interacción cultural en el Mediterráneo, temas recurrentes en debates sobre arqueología subacuática y Edad del Bronce.