El Grupo Social ONCE mantiene intacta la esencia de su labor social en las calles de España a través de una red de ventas que combina tradición, inclusión y estrictos códigos éticos. El delegado de la ONCE en Andalucía, Cristóbal Martínez Fernández, ha desmitificado algunas de las creencias más extendidas sobre la profesión de vendedor , aclarando los aspectos económicos, normativos y de seguridad que regulan el día a día de estos trabajadores. En un entorno comercial cada vez más digitalizado por el uso generalizado de los terminales de punto de venta (TPV) y los pagos con tarjeta, la figura del vendedor sigue siendo un pilar de confianza y cercanía vecinal. Lejos de las dinámicas comerciales tradicionales que premian la consecución de objetivos mediante incentivos sobre el resultado final, la organización prohíbe de manera tajante cualquier tipo de comisión o retribución extraordinaria ligada a la fortuna de los boletos expedidos en sus quioscos. La entrega de un boleto millonario supone uno de los momentos más gratificantes en la rutina de un agente oficial, pero no altera en absoluto su marco retributivo ni el vínculo laboral con la institución. La organización desvincula por completo los premios otorgados de los salarios de sus empleados, priorizando el cumplimiento de la ley frente a cualquier tipo de compensación económica informal. Al ser preguntado sobre si un vendedor recibe algún incentivo tras repartir fortuna, Cristóbal Martínez responde de manera categórica: «No. Un vendedor nunca recibe una comisión por haber dado un premio. Además, tenemos un compromiso ético esencial: nuestro personal jamás identifica a la persona agraciada ». Esta directriz busca proteger a los clientes de posibles vulneraciones de su seguridad o privacidad. El delegado andaluz recalca que el proceso de cobro se gestiona por canales oficiales ajenos al vendedor del quiosco, limitando la relación económica a la mera venta del producto. «Los premiados son absolutamente anónimos y el vendedor nunca comunica a quién le ha tocado, porque forma parte de la intimidad de esa persona y de la protección de sus datos», añade Martínez, quien matiza que si el ganador quiere tener un detalle personal voluntario como invitar a un café, queda fuera de cualquier norma establecida. El avance de los métodos de pago electrónicos ha modificado las costumbres del consumidor, reduciendo drásticamente el uso de dinero en efectivo en el intercambio diario. Sin embargo, esta modernización no ha mermado la originalidad de los cuponeros para llamar la atención en entornos urbanos y rurales. El uso del pregón o el silbato sigue formando parte del folclore comercial de la organización, adaptándose a las características de cada rincón geográfico de Andalucía y del resto del país. Según Martínez, «España es muy diversa: hay ciudades, pueblos, zonas rurales, cortijos y casas dispersas por el campo. Nuestros vendedores llegan a todas partes », utilizando el ingenio frente a una sociedad que camina ensimismada con las pantallas de sus teléfonos móviles. Respecto al impacto de las tarjetas bancarias en las propinas , el directivo recuerda que estas nunca han sido una métrica de ingresos para la plantilla: «La propina es, por supuesto, algo opcional que algunas personas pueden dar, pero nunca ha sido una motivación para nosotros ni algo con lo que cuente el vendedor. El vendedor ejerce su trabajo con profesionalidad, cariño, cercanía y confianza». La pedagogía social constituye uno de los pilares básicos en la formación continua que imparte la ONCE a sus trabajadores. El objetivo primordial es que los cupones sean percibidos exclusivamente como una actividad lúdica y de ocio , combatiendo de forma activa cualquier indicio de adicción o conducta desordenada. Los propios trabajadores de la entidad están autorizados a adquirir sus propios números, pero bajo un estricto control de seguridad. «Lo que sí trabajamos intensamente, tanto con ellos como con la sociedad en general, es el juego responsable », afirma Cristóbal Martínez. Si un vendedor detecta una situación de riesgo en un comprador habitual, cuenta con instrucciones precisas para cesar la venta de inmediato y ofrecer folletos informativos de ayuda. Esta rigurosidad se traslada de igual manera a las franjas de edad protegidas por la ley de juego. El delegado autonómico concluye con una advertencia dirigida a la concienciación de los núcleos familiares: «Está absolutamente prohibida la venta a menores . A veces algunas familias no entienden que un vendedor se niegue a entregar un cupón a un niño cuando su padre o su madre están delante, pero evidentemente no puede hacerlo. Por eso tratamos de hacer pedagogía con la ciudadanía».