Un arquitecto advierte sobre el papel de aluminio en las ventanas para combatir el calor: "Es una solución improvisada, económica y superficial"
Las ventanas cubiertas con papel de aluminio se han convertido en una de las imágenes más llamativas de la ola de calor en París. Ante temperaturas extremas, algunos vecinos han optado por colocar este material sobre los cristales para intentar frenar la entrada de radiación solar y mantener las viviendas algo más frescas.
Una solución barata y sencilla que, sin embargo, tiene poco que ver con las medidas que los expertos consideran adecuadas para proteger los edificios frente al calor.
El arquitecto francés Vincent Parasie, cuya residencia habitual ahora está establecida en Barcelona, ha analizado esta práctica en declaraciones a La Vanguardia. A su juicio, el papel de aluminio debe entenderse como un recurso puntual ante una situación excepcional.
"Es básicamente una solución improvisada, económica y superficial", explica el arquitecto, que destaca además que su instalación resulta "bastante fácil y temporal" y que no implica modificar de forma permanente la vivienda.
La clave de este remedio está en su colocación. Según Parasie, el papel de aluminio puede actuar como una superficie reflectante capaz de devolver parte de la radiación solar hacia el exterior antes de que atraviese el cristal. "Se suele colocar sobre la cara exterior de los cristales para que actúe como un espejo térmico", señala. El problema es que esta protección tiene importantes limitaciones y no está diseñada para permanecer expuesta durante largos periodos.
Por qué el papel de aluminio no es una solución definitiva
Este mismo arquitecto es quien advierte de que el material no está preparado para soportar las condiciones exteriores durante mucho tiempo. "El material no está previsto para ello. No aguantaría las intemperies y se acabaría despegando", apunta.
Además, cubrir completamente los cristales supone renunciar a parte de la iluminación natural y a las vistas desde el interior de la vivienda, dos elementos que Parasie considera importantes para el bienestar.
La proliferación de estas soluciones improvisadas también revela, según su análisis, un problema relacionado con la preparación de los edificios ante los episodios de calor. "Estas actuaciones subrayan la poca preparación de gran parte de las viviendas al cambio climático", sostiene.
Para el arquitecto, la protección frente a las altas temperaturas debería abordarse desde elementos como las ventanas, las fachadas y las cubiertas, en lugar de recurrir únicamente a remedios de emergencia cuando llega una ola de calor.
Ventilar por la noche, un clásico
Por su parte, Parasie destaca el conjunto del edificio y no únicamente en sus ventanas. "Lo primero para evitar el sobrecalentamiento es aislar adecuadamente los envolventes del edificio, fachadas y cubiertas", afirma. En otras palabras: un aislamiento correcto ayuda a limitar la entrada de calor durante las horas más calurosas y a conservar durante más tiempo unas condiciones interiores más confortables.
Para quienes viven de alquiler o no pueden cambiar las ventanas ni realizar obras, el arquitecto apuesta por aprovechar primero los recursos pasivos de la vivienda. Entre ellos está la ventilación natural durante las horas nocturnas, cuando las temperaturas exteriores son más bajas. "Se necesita crear previamente una corriente, abriendo ventanas en fachadas opuestas o incluso con la ayuda de un ventilador", sentencia.