La psicología explica que las personas más solitarias suelen ser las más amables y disponibles
A menudo, la soledad está asociada con la tristeza, el aislamiento o el pensamiento de que la persona se encuentra en un momento difícil. Sin embargo, esta percepción está lejos de reflejar la realidad, y la psicología ha descubierto que no siempre es así, y que el estereotipo no es acertado, ya que muchas de las personas solitarias tienden a rodearse de mucha gente.
Las personas que normalmente se encargan de ayudar al resto y resolver problemas son las que más tiempo pasan sin apoyo emocional, según explican los expertos. Unos estudios de la psicóloga social Natalie Kerr revelan que la bondad conecta directamente con el bienestar y la compañía.
El problema aparece cuando este rol se vuelve constante, y esa persona comienza a ser percibida como autosuficiente, quedando así fuera del radar afectivo. Esto se traduce en que su círculo se acercará constantemente en busca de apoyo emocional, pero la persona no se sentirá con la misma libertad de contar sus problemas.
La dinámica de la autosuficiencia
El amigo que se nos pasa por la cabeza a la hora de organizar planes, a quien podemos contarle problemas y siempre parece feliz, podría estar viviendo eso. Se trata de una dinámica en la que las personas más accesibles terminan convirtiéndose en personas invisibles, que siempre están para el resto, pero nunca encuentran un apoyo de vuelta.
Este tipo de personas son mucho más comunes de lo que parece de encontrar. Las personas a las que se les asocia el papel de "fuertes" necesitan mucho más valor que el resto a la hora de mostrarse frágiles o de pedir compañía. De hecho, muchos de los casos terminan llegando al extremo de acostumbrarse y autoconvencerse de que no necesitan esa ayuda.
El peligro que supone una soledad mal gestionada
Los datos sobre la soledad revelados por la Organización Mundial de la Salud hacen saltar las alarmas. Una de cada seis personas en el mundo, es decir, un 17% de la población, sufre de esta condición. Esta soledad, que se suele manifestar en personas de entre 13 y 29 años, contribuye a que se produzcan más de 871.000 muertes al año.
La soledad no deseada representa un grave impacto en la salud física y mental, con efectos similares al tabaquismo y la obesidad. En la salud física, impacta con problemas cardiovasculares y genera procesos proinflamatorios. Mentalmente, eleva hasta un 50% las posibilidades de sufrir demencia o alzhéimer, fomenta la ansiedad y depresión y reduce la motivación.