¿Otro nuevo protectorado?
Cuando España y Francia conceden la independencia, en 1956, al Sultanato de Marruecos, sólo Liberia, Etiopía, Libia y Egipto eran independientes en África. Los intereses de París trazaron sus fronteras orientales, agigantando Argelia, entonces «provincia» gala. España entregó el califato norte al Sultán Mohamed V, abuelo del actual, sirviendo en bandeja la legendaria Dawla Jumhuriya Rifiya, –República Autónoma del Rif– que presidiera Abd-el-Krim. Con su Asamblea, moneda, aviación y Gobierno, era de las de más tradición en África, levantando amplios apoyos internacionales desde su fundación (14-8-1921); de las primeras luchas de liberación nacional; siempre insumisos al Sultán de Marracheck con un sentimiento independentista que brota hoy regularmente de forma más o menos violenta. España pudo crear un Estado tapón norteafricano independiente, pero prefirió el unitarismo al otro lado del Estrecho apostando por una mayor estabilidad.
En 1958, le refuerza nuevamente entregando Tarfaya, –antigua Villa Bens y Cabo Juby–, región tradicional de pasto e intercambios para los habitantes del Sahara Occidental. A éstos se les quita su frontera natural del Río Dráa. Donde nunca había llegado la autoridad del Majzén –almacén–, itinerante rapiñador de las tribus norteñas. En 1969, se reapuntala el poder alauita entregando Ifni, zona «de soberanía», no protectorado. Donde Enrique DAlmonte defendía –1916– un futuro Estado bereber con sus ricas pesquerías y superpuerto.
Hoy, 70 años después, Marruecos invade Ceuta; el Tribunal de Cuentas lo predijo. Rabat reconoce que «las mafias» impiden controlar sus fronteras, usadas como válvula de escape de la inestabilidad interna. ¿Reconoce ser un Estado fallido?. ¿Otra Conferencia Internacional?