Las conclusiones del informe policial sobre la invasión de Ceuta: "Planificación previa", "componente geopolítico" y "guiado activo"
El informe de la Policía Nacional sobre el asalto a Ceuta a finales de julio es claro: hubo coordinación por parte de agentes de Marruecos uniformados y de paisano, descarta la implicación de las mafias que trafican con personas y apunta a la planificación previa de los hechos. El documento además recoge avisos en los días previos emitidos por la Comisaría General de Extranjería y Fronteras, a través del Centro Nacional y Fronteras (Cenif, autor de las conclusiones). Es decir, desmonta todas tesis lanzadas desde el Gobierno durante las últimas semanas.
Los agentes describen que la entrada masiva irregular en territorio español como un proceso configurado en tres fases, y sitúa el número total de personas que entraron en España entre las 75.000 y las 85.000. El objetivo final de la operación supera la «finalidad migratoria», por lo que lo desliga de los flujos de personas propios del verano.
En la primera fase, se «colapsó» el sistema de «gestión fronteriza en un punto y de una forma concreta». Esto se consiguió con una primera oleada de personas que iban preparadas con trajes de neopreno, aletas y flotadores. Una vez conseguido, la segunda tanda de inmigrantes fue mucho mayor, provocando la «apertura de puertas», con el objetivo de «eliminar la capacidad de respuesta por parte de España». En este momento de la invasión, se asistió «a un cambio progresivo del perfil de personas que acceden irregularmente a territorio español que, además del perfil de la primera fase, pasa a incorporar familias», empleando mujeres y niños.
Por último, existió una organización y una coordinación que exige un componente de control «sobre el terreno» que se puso de manifiesto «en la detección de individuos cuyo perfil, actitudes y acciones no se corresponden con los de la masa de personas que entran y salen irregularmente del territorio español».
Este aspecto es clave. La Policía identifica dos perfiles en la entrada a Ceuta que se salen de lo normal y que señalarían a Marruecos como partícipe de la entrada masiva. Por un lado, agentes de las Fuerzas de Seguridad de Marruecos uniformados. «A lo largo de la principal ruta y puntos relevantes que llevan hacia el Espigón de El Tarajal, diferentes miembros uniformados de las Fuerzas de Seguridad dan indicaciones a las personas que cruzan irregularmente la frontera para superar obstáculos y organizan el acceso a la zona de vehículos de gran tonelaje con gran cantidad de inmigrantes».
Y por otro lado, agentes «dinamizadores» que irían de paisano. «Se ha detectado la presencia de una serie de personas con un comportamiento que no encaja con la dinámica de comportamiento de la masa que realiza la entrada/salida de territorio español». La Policía Nacional los identifica como varones de entre 30 y 50 años, de «complexión fuerte o atlética» y con el pelo arreglado. A estos se les detectó «impartiendo instrucciones al personal uniformado desplegado sobre el entorno», lo que podría sugerir que se trata de agentes de inteligencia del reino de Marruecos.
E inciden los investigadores del Cenif. «El patrón de comportamiento incluye una conducta atenta al entorno, que transmite aplomo, centralidad, diferenciación, liderazgo, etc. respecto a la masa de personas que les rodea (caminan en sentido contrario al flujo de personas, apartándose de las vías de paso mientras observan el paso de los grupos, arengando a la masa para continuar la marcha, ayudando a otros a salvar obstáculos en el camino, grabando el discurrir de la masa de personas o manteniendo conversaciones permanentemente por el teléfono móvil como si registrasen o monitorizasen el acontecimiento)», resume el documento.
Sobre el papel de la Policía marroquí, los agentes señalan que se pudo ver a agentes alentando a los inmigrantes para que entrasen en España de manera irregular. Los gendarmes marroquíes tuvieron una «actitud pasiva ante los intentos de entrada», daban «indicaciones» para que los extranjeros «accediesen a través del agua» en la playa del Tarajal y tuvieron una conducta de «facilitación de la inmigración irregular». En muchas ocasiones incluso «monitorizaron» el asalto y el «control del proceso» de entrada.
La Policía concluye en su análisis que el asalto a Ceuta tuvo un objetivo superior a los flujos migratorios. Buscó anular la capacidad de respuesta de España ante una avalancha humana de semejante calibre. Los investigadores creen que la movilización no fue espontánea, como ha defendido el Gobierno, a raíz de una interpretación malintencionada de una sentencia del Tribunal Supremo y su posterior difusión en redes.
Objetivos
La Policía no duda en afirmar que la entrada masiva a finales de julio tuvo «múltiples dimensiones» y objetivos. La Policía cree que la «finalidad migratoria opera solo como una cobertura formal que sirve para fomentar, impulsar y dirigir un flujo masivo de personas a la frontera de Ceuta». Señala que esto viene confirmado pon el hecho incontestable de que el perfil de la mayoría de los inmigrantes «no busca permanecer en territorio español (solo permanece aproximadamente un 10% de la cantidad total estimada de los que acceden ilegalmente)».
«El impacto institucional» se refleja en la «saturación de las capacidades de prevención, contención, respuesta y asistenciales de todo tipo del territorio en el que suceden, todo ello con el consiguiente impacto económico y organizativo».
El impacto en la sociedad civil «va desde las limitaciones en el ejercicio de derechos a la agitación de perfil sociopolítico, la desinformación, la confianza en las instituciones, el deterioro de la seguridad pública al impacto en el sistema sanitario».
La confluencia de los anteriores elementos «también se extiende a un efecto colateral de componente geopolítico con deterioro de la imagen-país y un cuestionamiento internacional inducido por la situación generada».
En la misma línea, «se constata una evidente desestabilización política interna y desajustes en la integración de las respectivas acciones de respuesta de las distintas estructuras del Estado implicadas en ellas». Un «efecto añadido que podría ser sobrevenido y que tiene especial trascendencia» es el «cuestionamiento del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en la detección de lo ocurrido».