Dos muertes y el último asalto a un militar golpean a Ceuta, la ciudad cautiva
Pocas horas después de la manifestación más masiva que jamás pisara sus calles, Ceuta amaneció este jueves sobrecogida por las muertes de dos inmigrantes que no guardan relación entre sí, pero que pronto se convirtieron en el principal tema de conversación entre los vecinos. Después, en la tarde, la atención se desvió hacia la desgracia que pudo ser: un ilegal se lanzó cuchillo en mano hacia un soldado de Regulares en la zona del puerto.
Fue el desenlace de otra jornada de tensión en una ciudad que vive cautiva desde hace más de un mes. En vilo permanente. Las dos primeras muertes registradas de ilegales que permanecían luego de la invasión fueron: un marroquí mayor de edad víctima de un homicidio y otro, menor de edad, que murió como consecuencia de una enfermedad diabética.
«¿Qué más tiene que pasar?», se preguntaba con desazón desde su despacho el socialista Melchor León, vicepresidente de la Asamblea, que se enteraba de la última hora en el mismo momento en el que atendía a LA RAZÓN.
Por partes. La Policía Nacional informaba en la mañana ayer de la detención de una mujer ceutí de origen musulmán como presunta autora de la muerte de su primo hermano: un inmigrante marroquí de «unos 25-30 años», según la información que fuentes policiales trasladaban a este diario.
Todo apunta a que la víctima entró en el asalto masivo que tuvo lugar a fines de julio y que permanecía escondido en la casa donde vivía su prima en Poblado Regulares, una de las zonas más conflictivas de la ciudad autónoma.
Especialmente, en las últimas semanas, cuando se han disparado los problemas de salubridad y seguridad por la presencia de cientos de ilegales que pernoctan en asentamientos ilegales.
El «homicidio», desvelan las fuentes consultadas, «se produjo en torno a las siete de la mañana». Poco después, llegó la intervención policial, que se saldó con una detención. Todavía no ha trascendido quién dio la voz de alarma. Lo que se sabe es que la presunta agresora padece de «una enfermedad mental» y que utilizó un «arma blanca». Pero se desconoce con exactitud el motivo que desencadenó el crimen.
La zona. El suceso. Los implicados. Tres ingredientes que devuelven la atención hacia una realidad consabida por los ceutíes: si cuesta tanto determinar la cifra de ilegales que permanecen en la ciudad luego de la «invasión», en parte es porque muchos de ellos se ocultan en casas de particulares que les acogen por lazos familiares, por caridad, o a cambio de una contrapartida económica. O laboral. El trato, en muchos casos, es trabajo a cambio de lecho.
El menor diabético
Por otra parte, también trascendió la muerte de un menor marroquí de 17 años enfermo de diabetes, que cruzó la frontera el 31 de julio y que se encontraba atendido por los servicios sociales de la administración local. Tenía plaza en el Centro de Respuesta Temporal de la Ciudad Autónoma, y se le habían practicado las correspondientes pruebas sanitarias.
El joven sufría picos de hiperglucemia e hipoglucemia. Pasó su última revisión médica el lunes. La muerte le llegó mientras dormía en su habitación, que compartía con otros tres inmigrantes. Fue un compañero de cuarto el que, a las seis de la mañana, al ver que no se despertaba para rezar como solía hacer cada mañana, sintió curiosidad y, al tocarlo, descubrió el frío en su cuerpo. Pidió auxilio a los trabajadores sociales, que sólo pudieron confirmar la defunción. Ayer se le realizó la autopsia para determinar el motivo exacto y si fue por falta de medicación.
El remate llegó a mediodía, sobre las dos de la tarde. En la zona del puerto, un marroquí que cruzó la frontera a fines de julio amenazó con un palo a un grupo de personas que paseaban por la calle. Un trabajador de un almacén dio la voz de alarma de la situación y una patrulla de los Regulares fueron tras el ilegal, que salió corriendo a toda velocidad.
En un callejón, los militares lograron detenerlo y el inmigrante, al sentirse acorralado, se abalanzó contra un soldado con un arma blanca que había sacado de su ropa. Fue reducido por el resto de miembros de la patrulla y, acto seguido, detenido.