La gran familia de Siroco crece con la apertura de una cuarta taberna, esta vez en la concurrida zona de Zoco, en la calle José María Martorell, número 20. Se trata de un nuevo proyecto gastronómico que lideran los socios Rafael Romero y Manuel Medina, ambos cordobeses. La genuina tortilla al whisky y las papas aliñás al estilo sanluqueño son las reinas de su carta. Lo que han hecho es poner sobre la mesa «lo mejor de los otros tres establecimientos; hemos hecho una fusión de las cartas de los tres locales que tenemos con cocina tradicional, pero también con un poco de lo que demanda la clientela: con los niguiris de atún, las patatas con huevo y carabineros al ajillo, especialidad un poco más exclusiva, y que haya para todos los públicos», explica Rafael Romero, su copropietario. Junto con una oferta variada de montaditos , si lo que se busca es tapear, hay donde escoger entre la chacina, las salazones, la ensaladilla, ya sea en formato tapa, media ración o ración entera. La variedad es una de sus banderas: hay brioche de carrillada, presa de Angus, tosta de atún rojo trufado (que está muy de moda) y lagarto ibérico, con una rotación periódica de los platos para que la oferta resulte siempre atractiva a la clientela habitual. Esenciales son las 'Sirobravas', unas patatas bravas «un tanto especiales porque tienen un toque bastante picante y una elaboración distinta a la que suelen servir en todos sitios». Creación de la propia cocinera son los deliciosos tacos de gambón en tempura, elaborados con una receta casera. Para acompañar con bebidas, la cerveza de Cruzcampo, bien fría, servida en el vaso de sidra de cristal fino y también en la copa de cerveza, según los gustos. Los vinos pueden pedirse por copa para adaptarse a momentos más informales y presentan una relación calidad-precio muy equilibrada. Procedentes de bodegas seleccionadas, el ramillete va desde los clásicos de Córdoba, los vinos generosos de Montilla-Moriles hasta los Ribera, Rioja, algo de Godello y verdejo, para realzar el sabor de cada uno de los platos. También los ofrece por botella si es un grupo algo más amplio. Una de las características principales de Siroco es que abre de manera ininterrumpida todos los días, de lunes a domingos, desde las ocho de la mañana hasta las doce de la noche, en virtud de una plantilla de trabajadores adaptada a esas jornadas. Es la misma filosofía que impera en la Taberna Siroco de Ronda de los Tejares, 15; la Taberna Siroco San Hipólito, en la calle Córdoba de Veracruz, 1; y en la Taberna Siroco de María la Judía, 12. La variedad es una de las claves, así que pueden nombrarse también de Siroco la mojama en aceite de oliva virgen extra con almendras y el rabo de toro en salsa de chocolate. La hora del desayuno, que es uno de sus puntos fuertes, abarca tostadas al estilo tradicional con el mejor producto desde el pan a todas sus coberturas, más un plus de innovación, como la tostada de atún y la de tortilla de patatas. Esta última, reconoce Rafael Romero, tiene sus días y se consume en general «mucho más el viernes que el lunes». El desembarco en este local con las dimensiones que buscaban y que albergó antes el popular Lizarrán se debe a las ganas de tener presencia en esta zona de Poniente, «que nos gusta por muchísimos motivos: entre otros por la plaza que tiene, porque está viva en el tema de hostelería con heladerías, cafeterías, restaurantes». Siroco en Córdoba es un nombre que evoca tiempos pasados: en Ronda de los Tejares se abrió por primera vez en 1962. Cuando se jubilaron esos dueños, lo regentó uno de sus empleados, quien lo bautizó como Viento del Sur. Rafael Romero y Manuel Medina retomaron Siroco en el año 2022 en Tejares, lo cual agradó mucho a los habitantes más veteranos del Centro de la ciudad porque se recuperó la nomenclatura primitiva. El local de la calle José María Martorell, inaugurado el 2 de octubre, lo han reacondicionado jugando mucho con la decoración en madera, de modo que, junto a su larga barra, sitúan seis mesas altas en fila para que, además de tomar una cerveza o un café rápido puedan sentarse a comer dos personas con mayor amplitud y comodidad. Las diez mesas bajas del interior se suman a las muchas de la terraza exterior en la plaza, a la que acude a disfrutar numeroso público de todas las edades sobre todo los viernes, sábados y domingos. Ahora el viento sudeste, cálido y seco, de origen sahariano que sopla en el sur de Europa anima gastronómicamente la populosa plaza de Matías Prats.