El temporal parecía haber llegado a su fin sin destrozos evidentes tras su paso. El Levante aguantaba el empate a cero ante un Alavés valiente, multifacético; un equipo que viajó sin complejos para volver a Vitoria con un ascenso bajo el brazo. Pero las clarísimas ocasiones erradas de Abde Rebbach y Asier Villalibre , o las mil paradas de Femenías , denotaban que la felicidad debía ser granota. Porque el empate de la ida y la ausencia de goles en la vuelta elevaban al Levante a Primera -simple y llanamente por haber quedado por encima de los vascos en la clasificación liguera-. Incluso en la prórroga, los de Javier Calleja salieron de su caparazón y se encontraron con el larguero en un par de ocasiones por medio de Pepelu y De Frutos . Sin embargo, el fútbol, como un fiel reflejo de la aleatoriedad de la siempre novelesca realidad, tenía un as bajo la manga. El Alavés, persuasivo a niveles emotivos, decidió que si debía morir, lo haría en la ribera del 0-1. Y cuando ya hincaba la rodilla, el protagonista de esta historia lo cambió todo. En el último suspiro del alargue, en el minuto 122, segundos antes de que el árbitro pitara el final de una agonía interminable, el ex del Levante Jason recogía su propio rebote tras lanzar un horrible córner. El balón regresó manso al 10 del Alavés, que de nuevo centró fatal; pero en el barullo del área, mientras la pelota culebreaba y Javi López trataba de controlarla sin éxito, esta tocó en el brazo del que quizá fue el mejor futbolista local del encuentro: Rober Pier (Oleiros, 1995). En primera instancia, un Hernández Maeso que estaba primera línea viendo la acción no señaló nada. Pero fue tanta la insistencia visitante y tanta su cara de no saber realmente lo que había pasado en el instante más importante de la temporada en Segunda división que el VAR le llamó a filas. Entretanto, el Ciudad de Valencia vivía en un silencio de terror que auguraba la posterior pesadilla; porque cuando un árbitro inicia el trote hacía la televisión, pese a lo dudosa que pueda ser la jugada -como fue el caso-, la decisión primaria corre peligro de muerte. Por supuesto el extremeño pitó penalti después de revisar un sinfín de repeticiones durante seis minutos, Villalibre no falló y el Levante fue condenado de la manera más cruel posible a seguir un año más en la inexplicable segunda división. Al silbido final le acompañó un dolor inmenso en el bonito estadio de Orriols. Los jugadores lloraban derramados sobre el césped, la afición era un mar de miradas perdidas... Pero si un hombre conoció la pena absoluta, descorazonadora, ese fue el propio Pier. El defensa gallego se alejó del resto, visitó la inmensidad de un lateral del terreno de juego y se refugió en sus lágrimas . Tres miembros del cuerpo técnico del Levante acudieron a su abrigo, aunque ni cien de ellos pudieran haber aliviado tal tristeza. Noticia Relacionada Fútbol estandar No Hazard: «He descansado tres años, me queda un poco de energía» J. Corcuera El exjugador del Real Madrid ironiza sobre su papel en el club blanco «Es una pesadilla. No os podéis imaginar el dolor de mi corazón. De ser el mejor día de mi vida a ser el peor. Por unos segundos. Por un rebote que dudo que sea penalti. Hoy no hablo como un futbolista, os hablo yo, os hablo desde lo que soy, una persona que quiere a este club un mundo y que lo está pasando mal, es un golpe muy fuerte y muy cruel», escribía el propio Pier en sus redes sociales en la mañana de ayer. Un futuro incierto El central, en su séptima temporada en el Levante, ha sido un futbolista capital en la zaga de los de Javi Calleja esta temporada, pero, a pesar de ser uno de los capitanes del club, su futuro está en el aire. Pier acaba contrato el 30 de junio y, aunque el club tenía la opción de extender su contrato un año más hasta este pasado mes de mayo, los ajustes presupuestarios de una entidad que vivía en la incertidumbre derivada de la posibilidad de ascender imposibilitaron la operación. Igualmente, el jugador desea quedarse.