Guerra abierta por el reparto de poder en la UE
«Spitzenkandidat». Todo indica que puede convertirse en una palabra maldita y no sólo por su difícil pronunciación y ortografía. Significa «lista más votada» en alemán y hace alusión al método de elección del presidente de la Comisión Europea, siguiendo el criterio del cabeza de lista de las familias políticas que concurren a los comicios el 26 de mayo. El propósito de este método reside en que los ciudadanos conozcan a sus representantes, se organice una campaña con temas exclusivamente europeos y su consiguiente debates. Pero ni los más optimistas pueden negar que aún falta mucho para que los candidatos sean conocidos por los 500 millones de europeos.
El Tratado de Lisboa sólo obliga a que los estados europeos «tengan en cuenta» el resultado de las elecciones, pero el texto resulta lo suficientemente ambiguo para permitir maniobras en la sombra. Cuando la legislatura toca a su fin, estos juegos de poder más o menos maquiavélicos se han convertido en el pasatiempo favorito de la rumorología bruselense. Hay que tener en cuenta que no sólo está en juego la presidencia de la Comisión Europea, sino también el resto de altos cargos: presidente permanente del Consejo, alto representante de la diplomacia comunitaria, presidente del Parlamento Europeo y presidente del Banco Central Europeo.
El actual presidente permanente del Consejo, Donald Tusk, quiere debatir la renovación de la cúpula europea como un «paquete» en el que se respete el equilibrio geográfico, y entre hombres y mujeres e ideológico. Ha convocado una cumbre extraordinaria para el día 28 de mayo (48 horas después de las elecciones) y se espera que la decisión definitiva llegue en la cumbre de junio. Tusk quiere un proceso lo más corto y menos doloroso posible.