Darío Brizuela, en el nombre del hijo
El escolta donostiarra estaba «condenado» a convertirse en jugador de baloncesto pese a que hasta los once años lo suyo fue el fútbol. Su madre jugó en Primera, su padre también fue jugador y entrenador y su tío militó en el Baskonia. Con apenas 14 años ya empezó a llamar la atención su facilidad anotadora –«sólo me preocupaba por eso», confiesa– y con 16 se trasladó a Madrid, a la cantera del Estudiantes. Allí su hermano le rebautizó su cuenta de Twitter como «La Mamba Vasca» –sus ídolos son Kobe Bryant, Juan Carlos Navarro y Nacho Azofra– mientras veían un partido de la NBA y con los colegiales debutó en la élite tras un año en Huesca. Estuvo en el Ramiro hasta diciembre de 2019. La situación económica del club y la apuesta del Unicaja le llevaron a un nuevo traslado. Su crecimiento en Málaga ha ido en paralelo a su importancia en la selección. Se convirtió en una pieza fundamental en las «Ventanas» y el pasado verano se proclamó campeón de Europa con un papel destacado en la España de Scariolo. «Necesitamos puntos de gente saliendo del banquillo y Darío nos los da», contaba el seleccionador. Su presencia en el equipo que competirá dentro de seis meses en el Mundial de Filipinas, Japón e Indonesia está poco menos que garantizada.
Además del baloncesto, Brizuela es estudiante de psicología. «Me quedan algunos años de carrera y luego la especialización, pero me gustaría montar una clínica en San Sebastián y trabajar como psicólogo clínico, no con algo relacionado con el deporte. El baloncesto, para mi hijo si le gusta, pero no tanto a nivel profesional porque esto es muy duro y muy difícil. Te tienes que ir de casa pronto, se sufre mucho...», decía en Movistar.
Donostiarra, pero no muy txuri-urdin, Brizuela es hincha del Arsenal que entrena su paisano Mikel Arteta y que colidera la Premier. Antes de medirse al Madrid, Darío mirará qué han hecho los «Gunners» en su partido de la Premier ante el Aston Villa.
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