Asesinatos y desmembramientos: Así actuaba Alfredo Ballí Treviño, el "Hannibal Lecter" que sembró el terror en México
Treviño salió del consultorio tras el asesinato y guardó los restos de su víctima en el baúl de su vehículo, se dirigió al municipio de Guadalupe y se deshizo olvidándose del asunto. Pero unos días más tarde, encontraron los restos y lo utilizaron como prueba para encarcelarlo. Así, dos años más tarde, en mayo de 1961, sería condenado a pena de muerte, siendo el último mexicano en recibir esta condena.
Al asesino le consideró culpable de los cargos de homicidio calificado, inhumación clandestina y usurpación de profesión en perjuicio de Jesús Castillo Rangel. Pero las autoridades también lo involucraba con otras desapariciones de jóvenes que habían aparecido muertos en las carreteras. Todo ello no afectaba mucho al acusado, pues Treviño afrontaba casi orgulloso el juicio, explicando cómo operó con minuciosidad en el desmembramiento del cuerpo del estudiante. "Sin necesidad de tocar los huesos en cada corte que hacía", afirmaba, según los informes.
Desde que se conoció que fue el autor de este asesinato, recibió una gran cantidad de pseudónimos para reflejar el horror y la frialdad del homicida, tales como "el hombre lobo de Nuevo León", "el médico asesino", "el monstruo de los Talleres" o "el vampiro Balli".
La historia de Alfredo Ballí Treviño, el asesino que inspiró al personaje de "Hannibal Lecter"
Thomas Harris, un joven periodista estadounidense de la revista Argosy, viajó a entrevistar a un triple asesino llamado Dykes Askew Simmons, en la misma cárcel donde se encontraba Treviño. Conoció que, unos días antes, había intentado escapar y resultó malherido, y fue el propio Treviño, quien actuaba como doctor de la prisión, quien le salvó la vida. Un encuentro que marcaría la vida del comunicador.
Él no sabía que aquel doctor era un asesino, y actúo como si fuera un sanitario cualquiera. Hasta que el director de la prisión, Miguel Guadiana Barra, cortó la conversación entre ambos porque al periodista se le había terminado el tiempo. Al salir, Harris le preguntó sobre Ballí Treviño, pues quería saber cuánto tiempo hacía que trabajaba allí. "¿No sabes quién es? El doctor es un asesino", le respondió. "El nunca dejará este lugar, está loco", agregó.
Algo que sirvió de inspiración para el periodista. Veinticinco años más tarde de ese encuentro, escribió la exitosa novela "El silencio de los corderos", que posteriormente llegaría a la gran pantalla.
]]>