Starmer evita la investigación por mentir al Parlamento, pero no apaga el escándalo Mandelson
El Gobierno laborista no ha cumplido ni dos años de mandato, pero la crisis enquistada en Downing Street amenaza ya su continuidad. Nadie pone la mano en el fuego por Keir Starmer, aunque, de momento, el premier sigue ganando tiempo. Los ministros del Gobierno han estado movilizando apoyos hasta el último minuto ante la votación clave en la Cámara de los Comunes sobre si el aún inquilino del Número 10 debía enfrentarse a una investigación parlamentaria por sus afirmaciones sobre el escándalo de Peter Mandelson, exembajador en Estados Unidos obligado a dimitir el año pasado por sus vínculos con el pedófilo convicto Jeffrey Epstein.
La moción, presentada por la oposición conservadora, fue rechazada: 335 votos en contra frente a 223 a favor. Eso sí, los ánimos en las filas laboristas están muy bajos y nadie descarta un cambio de líder si las elecciones locales y 'autonómicas' de mayo se convierten en la severa derrota que anticipan las encuestas.
El primer ministro ha negado las acusaciones de haber engañado a la Cámara sobre el proceso de revisión del nombramiento de Mandelson, después de que saliera a la luz que no había superado una evaluación de seguridad sobre sus antecedentes personales, financieros y profesionales, informaciones de la que, según Starmer, no estaba al tanto. El líder laborista calificó la votación, promovida por la oposición conservadora, de "pura política" e instó a sus diputados a "mantenerse unidos frente a ello". Pero la líder conservadora, Kemi Badenoch, sostiene que es "muy evidente" que Starmer dijo en la Cámara de los Comunes cosas que "no eran correctas".
Antes de la votación, el exjefe de gabinete de Starmer, Morgan McSweeney, que dimitió por el escándalo, declaró ante el Comité de Exteriores que cometió un "grave error" al recomendar el nombramiento de Mandelson, aunque negó haber exigido que su investigación fuese aprobada "a toda costa". Por su parte, el antiguo máximo funcionario del Foreign Office, Philip Barton, también arrastrado por la polémica, reconoció estar "preocupado" porque los vínculos de Mandelson con Epstein "pudieran convertirse en un problema", aunque aseguró que no fue consultado sobre la decisión final.
Las tres posibles áreas de error
La moción también fue firmada por el líder liberal demócrata Ed Davey, además de diputados del SNP, el DUP e independientes. El texto identifica tres posibles áreas en las que el primer ministro podría haber inducido a error a la Cámara de los Comunes.
Entre ellas figuran las reiteradas afirmaciones de Starmer de que se siguió "todo el procedimiento debido" en el nombramiento de Mandelson, que éste fue sometido a una "verificación exhaustiva", que "nadie presionó" al principal funcionario del Foreign Office para sacar adelante el nombramiento y que "no existió absolutamente ninguna presión" en este caso. Si la moción prosperara, el asunto pasaría a manos del Comité de Privilegios.
Ese comité multipartidista investiga posibles infracciones de las normas parlamentarias y ya en 2023 dictaminó que el ex primer ministro Boris Johnson había engañado al Parlamento sobre las fiestas en Downing Street durante la pandemia, precipitando su caída política apenas tres años después de haber logrado una histórica mayoría absoluta.
El Código Ministerial es claro: los ministros que engañen deliberadamente al Parlamento deben dimitir, mientras que cualquier error involuntario debe corregirse "a la mayor brevedad posible". Mandelson, de 72 años, fue una pieza clave en la construcción, junto a Tony Blair, del Nuevo Laborismo que llevó al partido a sus años de mayor esplendor. Pero en septiembre del año pasado, apenas siete meses después de asumir su nuevo cargo, fue forzado a dimitir por sus vínculos con Epstein. No era su primer escándalo.
Apodado el "Príncipe de las Tinieblas", ya había protagonizado otras polémicas relacionadas con dinero e influencia que le costaron dos dimisiones ministeriales durante la era Blair. Y ahora, más allá de su amistad con el financiero caído en desgracia, lo que habría hecho saltar las alarmas de seguridad es su relación con empresas en las que ocupó cargos directivos y que mantenían estrechos vínculos con Rusia y China.