Agricultores marroquíes trabajan en situación precaria y sin protección social
El sector agrícola marroquí, que emplea a más de un tercio de la población activa, sigue caracterizándose por condiciones laborales precarias y una protección social prácticamente inexistente. En una entrevista con la revista Challenge , Rachid Filali, experto en derecho social y relaciones laborales a nivel nacional e internacional, analiza las raíces de esta situación y aboga por una reforma integral. No es de extrañar que muchos opten por los contratos de temporeros en España, donde gozan de contratos y unos salarios acordes con el trabajo que realizan, como ocurre con la recogida de la fresa en Andalucía.
"El estado del campo por sí solo evidencia el deterioro de las condiciones de vida y de trabajo en la agricultura en comparación con otras actividades económicas". La vida urbana ofrece mayores oportunidades de acceso a un empleo digno y a los servicios públicos.
En los países industrializados, el empleo asalariado garantiza un ingreso digno y protección social. En cambio, en los países en desarrollo, la mayoría de la población activa se ve relegada a la economía informal, explica Filali. Las zonas rurales se enfrentan a multitud de factores excluyentes: la mayoría de los trabajadores viven en microfincas de menos de una hectárea. Una gran proporción está registrada como inactiva o trabaja como empleada doméstica sin percibir ingresos propios. Como resultado, de los más de tres millones de personas empleadas en la agricultura, solo 100.000 están inscritas en el Fondo Nacional de Seguridad Social (CNSS). "Desde 1981, los trabajadores agrícolas gozan de los mismos derechos que los de otros sectores", señala, aunque destaca que la ley aún se aplica solo parcialmente.
Los empleadores alegan dificultades objetivas para justificar el incumplimiento del Código Laboral. Sus organizaciones profesionales exigen un estatus legal especial adaptado a las características específicas de la agricultura. El Código de 2004 unificó las normas, pero mantuvo exenciones para ciertas categorías. A diferencia de otros sectores, como la industria marítima o la cinematográfica, la agricultura se integró sin matices en el ámbito del Código.