A Pedro Sánchez ya le pitan los oídos: el PSOE raja de su estrategia electoral
Pedro Sánchez es el «puto amo» del PSOE. Eso se sabe. Y aun así, como todo jefe que se precie, es el protagonista de los cuchicheos en Ferraz. Los socialistas ya no se arrugan y critican abiertamente que haya impuesto a los ministros en las federaciones para competir en las elecciones autonómicas.
Todo el tiempo transcurrido desde que se abrieron las urnas en Extremadura hasta que se cierren el próximo domingo en Andalucía habrá servido para constatar que ha sido un gran error enviar al matadero a los ministros de un Gobierno achicharrado.
El PSOE reunió ayer a su dirección en Ferraz. Hubo dos sillas vacías: las del propio Sánchez y la de la «número dos», la candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía, María Jesús Montero. Pero el líder puso fecha al comité federal: el próximo 27 de junio, lo suficientemente lejos en el calendario del previsible batacazo andaluz como para evitar que el ruido interno.
A Sánchez no le gusta nada que le critiquen en público. Y menos aún que le reclamen responsabilidades por los flojos resultados del partido en las últimas elecciones. De manera que si el comité federal ya está convocado, nadie se lo podrá reclamar. Sí, eso va por Emiliano García-Page, el belicoso habitual en estos encuentros que deberían convocarse cada seis meses pese a que el último fuera hace casi un año.
La verdad es que Sánchez ha terminado construyendo una maquinaria donde todo depende de su dedo. Y cuando un partido se organiza alrededor de una sola voluntad, el riesgo es evidente: que el líder acabe escuchando únicamente aquello que quiere oír.
Eso es justo lo que le ha pasado con sus últimas apuestas electorales. Porque no han hecho otra cosa que generar desconcierto interno. Y, como reconocen varios dirigentes, también amenazan con convertirse en problemas estructurales para el partido en varios territorios clave.
La sensación a puerta cerrada es que Sánchez se ha rodeado de un núcleo de asesores políticos que han confundido el control orgánico con la inteligencia electoral. Y claro, el resultado es una cadena de decisiones que parecen más impulsos tácticos que movimientos estratégicos.
La designación de Diana Morant en la Comunidad Valenciana es uno de los ejemplos que más se comentan en privado. En el PSOE valenciano hay dirigentes que consideran que Pilar Bernabé ofrecía un perfil mucho más competitivo. Pero en el sanchismo pesa más la lealtad que la evidencia sociológica. Y eso explica muchas cosas.
El caso andaluz es todavía más delicado. La elección de María Jesús Montero como candidata a la Junta dejó perplejos incluso a algunos socialistas veteranos del sur. Montero representa precisamente aquello de lo que una parte del electorado andaluz lleva años escapando: la vieja cultura política socialista asociada al aparato, al poder institucional permanente y a una forma de gobernar que muchos antiguos votantes del PSOE identifican con un ciclo más que agotado.
En Andalucía, además, Juanma Moreno ha logrado algo extremadamente difícil: construir una marca propia que desborda al PP y que conecta incluso con antiguos votantes socialistas moderados. Extremo centro.
El PSOE se ha convertido ya en un partido donde las federaciones autonómicas –salvo excepciones que el propio Sánchez pone en el congelador, como el extremeño Álvaro Sánchez Cotrina– no generan liderazgos propios, sino delegados temporales del presidente.
Óscar López es quizá el mejor ejemplo de esa contradicción. En Ferraz pensaban que era uno de los pocos dirigentes capaces de confrontar con eficacia con Isabel Díaz Ayuso, pero incluso sus defensores admiten que simboliza como pocos el modelo de «paracaidismo político» que Sánchez ha consolidado.
El presidente cree que el control absoluto garantiza la cohesión de su organización. Pero se ha olvidado de que también puede generar una desconexión brutal con la realidad electoral de cada territorio.
Y en esas, claro, están ya mosqueados los miles de candidatos en miles de pueblos que se someterán al test de las urnas en las elecciones municipales de 2027. Incluso, confiesan algunos socialistas, tienen que hacer campañas de seducción masiva para que los candidatos se postulen porque la marca PSOE está tan desgastada por Sánchez que no se tienen incentivo alguno para presentarse.
Al fin y al cabo, una campaña son horas y horas de dedicación, de viajes, de reuniones, de mítines. De no tener vida, en definitiva. Así que si la derrota está asegurada, que se presente Sánchez, piensan muchos de ellos.