Fortes, de la épica a la plenitud el día que Adrián hace su cuarta Puerta Grande
El segundo tenía leña (es decir, pitones) para dar y regalar, y el susto nos lo llevamos sin habernos dado apenas cuenta, sin tiempo de reacción. Sacaba Fortes el toro del caballo y, de pronto, se lo llevó por delante. Dio una vuelta entera en el aire y cayó a plomo. Tremendo. Se quedó un poco en shock. No teníamos ni idea de lo que se nos venía encima. Brindó la faena… para quitarnos el oxígeno después. Qué trago. La tensión se apoderó de la plaza durante toda la faena porque nada más comenzar Fortes fue cogido de nuevo con la muleta y quedó a merced del toro, boca arriba, mientras los enormes pitones le apuntaban al cuello en el intento de herirle para uno y otro lado. Agonizante. Terrible imagen y terrible recuerdo. Se repuso, aunque parecía costarle, y volvió por el mismo pitón. Qué mérito. Qué buen torero es. Corazón encogido. Las coladas y las miradas asesinas eran cada vez más evidentes, así que Saúl se fue a por la espada y descansamos todos. No había manera. Lo mató con eficacia, que no era poco para meter la mano ahí. Se fue a la enfermería y le operaron bajo anestesia local de una cornada en el gemelo con la obsesión de volver al ruedo y lo hizo en su turno. Como si nada. Como si todo. Los misterios del toreo.
La plenitud
Mereció todo desde que Fortes detuvo el tiempo en los albores de la labor en un natural en dos tiempos que fue de camino a la eternidad de la memoria. A partir de ahora y para todos los tiempos hablaremos del «natural». Fue la antesala de lo que nos vino. Qué bonito fue Saúl. El malagueño creó una faena de delicatessen, delicia pura por su colocación exquisita, por cómo daba el pecho al toro y se quería llevar esa manejable embestida (aunque era irregular) hasta el final y detrás de la cadera. La belleza de todo lo que hizo volvió a avivar el idilio de Madrid con este diestro hasta el punto de escuchar en más de una ocasión cómo le gritaban «gracias, torero» por cómo estaba haciendo las cosas. La verdad solo tiene un camino y el suyo fue apabullante. Es el toreo. Y maravilla al natural despojado de toda ventaja.
Fernando Adrián
Fernando Adrián se lució en el saludo de capa al tercero, que era otro tío, y Diego Urdiales meció las muñecas con preciosas verónicas. Al Seis se fue a hacer faena. Pronto y repetidor era el toro, encampanado e imponente. Tenía la virtud de repetir e importancia lo que se hacia delante a pesar de que le faltaba entrega. La faena comenzó a no conectar con el tendido al ser tan ligada como periférica. Se lo sacó a los medios e intentó persuadir al personal con arrucinas, pero en el toreo fundamental a la volandera muleta le faltó entidad. Las manoletinas, con los pitones tan elevados como los tenía, y la estocada puntuaron a favor en espectacularidad.
El miedo nos atrapó de lleno en el sexto al llevarse por delante a Adrián de salida y después a Curro Javier de manera dramática. Fue toro encastado, exigente y agradecido. Y a la faena de Adrián le paso algo similar a la anterior, solo que veníamos sobrecogidos por todo lo vivido. Tras la explosión inicial se fue diluyendo, comenzaron las protestas y el torero optó por los recursos más efectistas que, junto con la estocada, le valieron para completar su cuarta Puerta Grande en Madrid.
A Urdiales no le vimos a gusto con un primero que iba y venía, aunque parecía tener algo guardado dentro, y decidió abreviar. La espada, caída, pero eficaz. Buenísima fue la del cuarto. De manual. La ejecución y la forma de caer el toro. Dejaba atrás una faena trabajada en la que lo mejor lo dejó en los naturales de uno en uno y en alguna trinchera a un toro informal. Y brilló en el quite al sexto. Luego nos sobrevino Fortes y esa verdad que acalla el ruido.
Ficha del festejo
Las Ventas. Séptima de San Isidro. Lleno. Toros de Toros de El Torero, serios. 1º, de poca transmisión; 2º, peligroso; 3º, encastado, con transmisión y repetición; 4º, sin entrega; 5, manejable; 6º, encastado y repetidor. Lleno de «No hay billetes».
Diego Urdiales, de verde hoja y oro, estocada desprendida (silencio) ; buena estocada (saludos).
Jiménez Fortes, de nazareno y azabache, estocada (saludos); estocada baja (oreja).
Fernando Adrián, de malva y plata, estocada, descabello (oreja); estocada (oreja).
Parte médico de Fortes:
cornada en cara anterior tercio superior pierna derecha, de 5 cm que contusiona tibia.