De la Espriella, el nuevo hombre fuerte
Un hombre fue vestido de tigre a votar el domingo en Colombia. Otro portó una máscara de felino. El candidato Abelardo de la Espriella reaccionó a su triunfo en la primera vuelta con una foto familiar en plan product placement: con unas cajas del cereal Zucaritas en ubicación prominente. No por el cereal, sino por el tigre Tony.
De la Espriella dice que él es "el tigre" (así como Milei en Argentina se hace llamar "el león"), y ahora está a un paso, el balotaje, de ser Presidente. Aún hay quien recuerda que hasta hace menos de cinco años, el penalista Abelardo de la Espriella decía aborrecer la política. En noviembre de 2025 no obstante gritaba ante unas 15 mil personas en Bogotá que había dejado "una vida apacible en Florencia, Italia" para regresar a salvar la patria.
Seis meses después, con más de diez millones de votos y el primer puesto en la primera vuelta presidencial, el "Tigre" se ha convertido en el fenómeno político más disruptivo que ha producido Colombia en décadas: un outsider sin cargo público previo que devoró a la derecha tradicional.
Un abogado millonario a base de casos polémicos
De la Espriella nació en Bogotá el 31 de julio de 1978, pero se crió en Montería, donde la gente es dicharachera y entradora. Tiene triple nacionalidad: colombiana, italiana y estadounidense, y una fortuna hecha a base de defender casos turbios pero de millonarios. Defendió a David Murcia Guzmán, cabeza de la mayor pirámide financiera de Colombia, y a Álex Saab, señalado de ser el testaferro del régimen de Nicolás Maduro. También asesoró a cabecillas paramilitares en procesos de desmovilización.
Sus críticos se los recuerdan y él dice que no se arrepiente de nada, mientras afila su discurso anticomunista y defiende la iniciativa privada. Él mismo tiene intereses en vinos, ropa y bienes raíces. Su rasgo más diferenciador con el sector conservador es, no obstante, su alineación con el trumpismo. No solo es admirador declarado de Donald Trump sino que ha sido donante del partido republicano a favor del presidente de Estados Unidos. Además, ha dicho que solo con Washington y los tecnomagnates como Elon Musk conseguirá crear la "patria milagro" en Colombia.
Se asume como parte del mismo movimiento en el que figuran Javier Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador, de quienes quiere replicar sus políticas. Habla de mano dura en seguridad, construir “megacárceles”, reducir impuestos a los empresarios y aplicar la “motosierra” al gasto público.
De la Espriella absorbió los postulados de la ultraderecha y se dio el lujo de rechazar el apoyo de los partidos tradicionales. Pasó de declararse ateo a leer el evangelio a diario, y de defender la adopción gay a rechazarla. Sus contradicciones forman parte del personaje, y el personaje le ha funcionado para imponerse. Tanto, que ha prometido que, tras cuatro años de gobierno, desaparecerá de la vida pública.