La psicología dice que el tipo de soledad más dolorosa en los 70 y 80 años no es la ausencia de compañía, sino la ausencia de un testigo
La soledad es uno de los problemas más extendidos entre la población de la tercera edad. No obstante, este sentimiento no solo se da en personas que no cuentan con un entorno familiar y de amistades cercanas. Ya pueden estar perfectamente rodeados que, sin la presencia de un testigo de vida a su lado, pueden sentir una leve desconexión del mundo. Según la psicología, este hecho puede explicarse de diferentes formas.
Cuando se llega a la vejez, uno de los pilares más importantes son aquellas amistades y familiares que han estado a nuestro lado a lo largo de nuestra vida. Ya sea un hermano, un primo o un amigo, estos actúan como testigos de un camino cuyo recorrido se ha ido desdibujando con el paso de los años, creando un vínculo único gracias a los recuerdos compartidos. Cuando este testigo ya no se encuentra en nuestro entorno, se tiende a sentir una sensación de soledad solo comparable con la nostalgia.
Esta relación, creada a base de recordar momentos claves de la vida del otro, como el primer viaje lejos de la familia, los años de universidad o el día de la boda, es única e irrepetible. Las conversaciones que se crean en torno a estos recuerdos pueden ser escuchadas por el resto, pero nunca comprendidas de la misma forma que aquellos que las vivieron. Por ello, su presencia no puede ser sustituida por nuevas amistades, puesto que la sola existencia de estos testigos ya evoca los recuerdos de una vida que pasó y que no volverá.
Perder a los testigos de toda una vida puede afectar a la identidad y sentimiento de pertenencia de las personas
La existencia de estas personas testigos y su importancia ha sido estudiada por diversos investigadores y psicólogos, descubriendo que la pérdida de vínculos estrechos con familiares y amigos es uno de los factores de riesgo para la soledad en la vejez. La pérdida de los testigos se convierte, poco a poco, en una pérdida de su identidad que no se puede compensar fácilmente. Pueden entablar nuevas amistades y reforzar el vínculo con sus familiares, pero no podrán rememorar anécdotas y debatirlas como hacían con su persona testigo.
Los testigos de vida actúan como un elemento que refuerza la identidad y la pertenencia de las personas, por lo que su ausencia genera un sentimiento de soledad y un gran impacto en la salud mental. Según el centro PSISE Madrid y la definición dada por Baumeister y Leary, la necesidad de pertenencia es "un impulso fundamental de pertenecer: de formar y mantener vínculos interpersonales duraderos, positivos y significativos". Por ello, las personas con las que compartimos gran parte de nuestros años de vida se convierten en un símbolo de validación, capaz de reafirmar quiénes somos y nuestro papel en la sociedad.
Ante la pérdida de ese testigo capaz de corroborar sus historias, algunas personas comienzan a dudar de la capacidad de su memoria. Esta duda es habitual y no significa un deterioro cognitivo en la persona; simplemente carecen de personas que puedan confirmar sus recuerdos. Por ello, es importante que el entorno cercano tome el rol de testigo y comience a preguntarle por sus anécdotas, recordando cada detalle y haciéndole sentir que aún tiene a alguien con quien compartir ese trozo de su vida. Porque, aunque no se puedan sustituir, sentirse arropado y escuchado ayudará a reducir la soledad.