'Cucaracha': ¿habrá alguien que sobreviva a la barbarie sin pensar?
Decir que 'Cucaracha' es una pieza sobre la guerra sería, según afirma el director Julián Fuentes Reta, simplificarlo todo: "En realidad no lo es". Aunque sí señala a esta obra de Sam Holcroft como "una función sobre un grupo de chicos y chicas, y de una profesora, que vive inmerso en una atmósfera de guerra y cómo eso afecta a sus vidas". "Lo importante es que habla de la cotidianidad", continúa: "Es una historia de soldados, de generales y de heroicidades; de cómo mantener la cordura en un momento en el que la violencia se incrementa", zanja de lo que él considera "un texto demasiado perfecto: cada palabra tiene sentido y la trama no se desfigura nunca".
Cómplice habitual de la dramaturgia anglosajona, 'Cucaracha' llegó esta vez hasta Fuentes Reta por vía de uno de los actores del montaje, Javier Amann (también exalumno suyo), y, para el director, en ese gesto había mucho más que una propuesta: "Entendí que venía desde la preocupación por el futuro de toda una generación incluso antes de la guerra de Ucrania, que estalló poco después. Me emocionó. De lo que trata la función es que nos estamos escorando a la ultraderecha como si esto no fuera con nosotros y como si solo fueran un grupo de tarados", añade un Fuentes Reta que siente "terror" cuando se acusa a los ciudadanos de "privilegios" y de "haberlo tenido todo".
La fuerza del diálogo entre generaciones
"Debido a esa claridad", añade, necesita "montar la pieza con este elenco de jóvenes artistas por nuestro diálogo generacional, pero también por la importante urgencia y fuerza que esta obra posee en sí misma (...) Debe hacerse porque habla de las entrañas de lo que fuimos, somos y seremos: niñas, niños, jóvenes, adultos. Y de cómo, desde ese punto en el tiempo, cada una en el suyo, impactamos en los demás, y en el mundo". Insiste en que la obra de Holcroft, "en forma y fondo", mira "a la muerte, al amor y al odio, al presente, al futuro y al pasado". Fuentes Reta encuentra en esta 'Cucaracha' "una luminaria" que "nos introduce en el trabajo de una dramaturga que estamos convencidos de que es y será fundamental, tanto por su figura como por su relato".
Dirige así la autora su mirada hacia el aula de un instituto en el que Julio Peña, Lucía Díez, Miriam Queba, Nakarey y Javier Amann serán los estudiantes. En la pizarra, un tema de Biología: supervivencia, adaptación, selección, Darwin... Reflexionan sobre quiénes son las criaturas mejor adaptadas para sobrevivir a la barbarie. ¿Tal vez, las cucarachas? La profesora (personaje en el que alternarán Esther Acebo e Hiba Abouk) se aferra a una idea casi ingenua y a la vez heroica: si los chavales aprenden a pensar, entonces, serán libres.
Atrapados en la violencia líquida de una Guerra Justa
Mientras, fuera de esas cuatro paredes, el país lleva años atrapado en una guerra interminable que ha sido vendida como "la Guerra Justa". Al principio solo es un zumbido de fondo, un simple rumor, pero pronto empiezan a llegar las notificaciones oficiales. Uno a uno, los alumnos varones son llamados a filas. Por su parte, la maestra insiste en seguir con el temario y en preparar las pruebas finales "como si aún existiera un futuro al que llegar", presenta el dossier. Pero la violencia es líquida y se cuela por cualquier rendija: en el lenguaje, en los cuerpos, en la manera en que los chicos se miran... La clase se convierte en un campo de entrenamiento emocional; en un lugar en el que la normalidad ya no protege a nadie.
De este modo, Holcroft, y ahora Fuentes Reta, emplea esta pieza escrita en 2008 para retratar cómo una comunidad educativa intenta no desmoronarse mientras el Estado convierte a sus adolescentes en material de guerra. Y lanza una pregunta incómoda: ¿la educación puede salvarnos pase lo que pase? El director tiene clara la respuesta: "Sí", pero no a cualquier precio. "Cobrando el salario mínimo, no. Estamos fastidiados cuando es así. Es absolutamente irresponsable que haya un sistema que te haga dejar a tus hijos con una persona que no puede ocuparse de ellos porque tiene tantísimas preocupaciones, como que no puede llegar a fin de mes o que no tiene dónde de vivir. Y esto pasa. Imagínate el riesgo de ir al médico y que la persona que te atienda lo que para ti es un trauma gigante no esté en unas buenas condiciones para poder prestar atención a la dolencia que tienes. Ahí está la desintegración total", critica el director.
Por todo ello, Fuentes Reta afirma que tiene entre manos con "la extraña capacidad de ofrecer un montón de certezas, y a través de ellas abrir un montón de incógnitas. Es un texto visceral, contundente, claro, que retrata tan limpia y concretamente una realidad material y emocional, que a su vez logra auparse a profundo rasgo de universalidad. Puede suceder en el presente, en el pasado, en el futuro, aquí o allí; es una obra abierta, algo delicadamente único en el panorama teatral contemporáneo".