Explosión en banderillas en el trofeo de Castaño
Con “El Rey”, la charanga, San Fermín en plenitud y su inmensidad parece que todo pasa desapercibido entre el jaleo constante, ante la falta de silencios, que no existen porque Sanfermín es fiesta, a secas y cada uno se reinventa como quiere. Pero no es cierto. Pamplona se paró en seco con Joao Ferreira. Lo hizo en el primer par. Segundo toro de José Escolar. Castaño su matador. En ese par de poder a poder se dejó llegar al toro hasta el infinito y más allá y entonces allí clavó con una belleza extrema. Un fogonazo de torería y exposición recorrió la piel de toro de Pamplona que es eterna. Y vino Fernando Sánchez para deleitarnos y regresó Joao para asustarnos, para no asustarse, para jugarse la barriga, y más. Para dar la vida a ojos de todos y poner a Pamplona de acuerdo. Tremendo par, por expuesto y cargado de verdad. En estos momentos, tan puros, los tres años, inolvidables de la muerte de Víctor Barrio vienen a la memoria con más fuerza. Hay cosas que no se olvidan, a todos nos pertenecen de alguna manera. El toro llegó a la muleta con temple y buen ritmo, aunque la transmisión justa. La faena transcurrió con oficio, pero lo mató a la primera y cortó una oreja. Soberbia de nuevo la cuadrilla en el cuarto, con un Escolar de apabullantes pitones por interminables y abiertos de camino al infinito. Lo malo vino después. El señor toro fue peligroso y orientado y con ese porte era una película de miedo por momentos, menos mal que le mató con prontitud, a la primera, habilidoso y descansamos todos.