Primer año de Petro: ¿el fin de la guerra contra las drogas o el fin de la democracia?
Y es que Petro se estrenó internacionalmente como presidente dando un estridente discurso en la Asamblea General de la ONU, abogando por el fin de la guerra contra las drogas y pidiendo sin rubor que excarcelaran al los narcotraficantes. Por eso no sorprende que ahora se le investigue por los nexos entre el financiamiento de su campaña electoral y esa industria que pretende ahora legalizar a toda costa, usando su poder como presidente. Pero este tema trasciende a Colombia y engloba a toda la región, explicando con mucho más nitidez las solidaridades políticas de una autodenominada izquierda que en muchas partes opera ya como el brazo político del crimen organizado.
Este tema del narcotráfico en América Latina está plenamente identificado. En España, por ejemplo, la inteligencia le hace seguimiento, al punto que ya es común ver en las noticias incautaciones de mercancías ilegales procedentes de Colombia, Venezuela y otros países latinoamericanos. Sin embargo, nadie se atreve en Europa usar el calificativo de “narcoestado” y prefieren ignorar los vínculos del fenómeno con los gobiernos de turno. Por el contrario despliegan la alfombra roja cada vez que Petro cruza el Atlántico. Incluso, obvian el hecho de que el narcotráfico es parte de la guerra no convencional que libra la izquierda latinoamericana contra el “imperialismo”, es decir, contra Occidente.
Así como la izquierda sobrevivió al caso Odebrecht como si no hubiera sido con ella, ahora exhibe de nuevo su inmunidad política en el caso de los narcoestados que desestabilizan no solo las democracias en la región, sino a toda Occidente en un contexto geopolítico. Es delito solo si lo hace la derecha, porque lo demás se llama revolución. Queda analizar si una elección es libre y justa en el contexto de un narcoestado. Parece que no. Esperamos que la democracia de Colombia, que le permitió a un ex guerrillero como Petro ser presidente, sobreviva a él.
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